
La red social Tik Tok ha vuelto a viralizar un nuevo reto el cual en esta ocasión consiste en ver una película llamada Megan is Missing (podéis verla bajo éstas líneas), para posteriormente grabar la reacción de sus usuarios a lo que acaban de ver. Dirigida por Michael Goi en 2011, la trama sigue el día a día de un par de amigas llamadas Megan y Amy, interpretadas por Rachel Quinn y Amber Perkins respectivamente, hasta que la primera desaparece y la segunda es testigo del barullo mediático que se genera alrededor de lo ocurrido (además de otras cosas que preferimos no mencionar). Aunque en Free Topic Society hemos evitado grabarnos, sí hemos decidido centrarnos en algo un poco más prolífico, escribir una crítica. Dicho esto, comencemos:
A pesar de que el género found footage (en este caso concreto, screenlife) haya sido castigado con películas mediocres a lo largo de los años desde que El Proyecto de la Bruja de Blair lo pusiera de moda en el lejano 1999, ciertas cintas parecen no dar la fórmula por muerta queriendo ir siempre un paso más allá de lo que las anteriores a ella establecieron. Ese es el caso de Megan is Missing, una película que aunque se publicite como de terror, lo más acertado sería decir que lo que busca no es el susto fácil como sí pretenden otras como por ejemplo las últimas entregas de Paranormal Activity, sino generar la tensión y el estupor en el espectador a través del realismo de las escenas que la componen, haciendo que la línea entre lo ficticio y lo real sea casi invisible.
El filme en sí no es más que el relato de la desaparición de una adolescente y la reacción de su mejor amiga al perder a la única persona a quien confía sus secretos y a la que conoce mejor que nadie, pero lo que la diferencia de todas sus coetáneas (más dramáticas y muchas veces de lágrima fácil), es la crudeza con la que los hechos se materializan en pantalla, porque el director no solo quiere contar esta historia, sino que a través de ella reflejar unos hechos que desgraciadamente no paran de sucederse en nuestro mundo de los cuales muchas veces solo somos capaces de hacernos eco en las noticias, siendo precisamente esa sensación de no poder ayudar o haber actuado para prevenir lo ocurrido, otro de los factores que hacen que esta cinta logre su objetivo de irrumpir en nuestras mentes con fiereza y darnos qué pensar durante un buen tiempo tras visionarla, lo que a partir de cierto punto alrededor de los cincuenta minutos se vuelve cada vez más difícil, llegando su clímax a extenderse a lo largo de los últimos veinte, en una sucesión de imágenes solo aptas para aquellas personas que sean conscientes de a lo que se van a enfrentar si deciden verla.
Haciendo a un lado nuestro análisis subjetivo, Megan is Missing sigue las pautas establecidas por el género al que pertenece, presentándonos hasta tres puntos de vista diferentes. Para la primera, la clásica cámara en mano, será Amy la que en muchas ocasiones nos lleve de un sitio a otro, revelándonos datos que conciernen a las dos amigas; para la segunda, nuestros ojos serán las lentes de los ordenadores y teléfonos que los personajes utilizarán para sus videollamadas, siendo estos los planos mayormente usados durante la primera mitad de la película; y para la tercera y última, con razón de volver más creíble la atmósfera, el uso de las cámaras de televisión y piezas de telediarios que narran cómo evoluciona la investigación del caso.
A nivel sonoro poco hay que decir y poco se puede lograr con el found footage. Aun así, se debe alabar la naturalidad con la que las dos protagonistas se dirigen a cámara y a otros personajes, resultando en que como dijimos antes, la fina línea que nos separa de lo ficticio sea inapreciable.
Con todo ello, nos encontramos frente a un producto audiovisual que no dejará indiferente a nadie con estampas que de seguro os marcarán y que tardaréis en olvidar.
Puntuación final: 7,5/10

