Alex Garland es un cineasta de lo más variopinto. Lo afirmo de entrada a esta crítica porque “MEN”, su último largo estrenado en el Festival de Cannes, es el clásico ejemplo de por qué el cine puede a la vez ser tan mágico como desconcertante, según se encare una cinta. En esta ocasión, nuestro director ha evadido el género de ciencia ficción —recordemos que sus dos anteriores trabajos al frente del proyecto fueron Ex Machina (2014) y Aniquilación (2018)—, para llevarnos de la mano hasta una inhóspita campiña inglesa de lo más singular mientras acompañamos a Harper (Jessie Buckley), en un cuasi retiro espiritual siguiendo la trágica muerte de su marido, hecho del que busca huir pero cuyo peso la mantiene presa de sus recuerdos día sí y día también.
Y las cosas para ella solo irán a peor a medida que explore los alrededores del pueblo y descubra a los habitantes del mismo, todos hombres —interpretados brillantemente por Rory Kinnear—, quienes bajo el aspecto de unos simples vecinos, esconden un oscuro secreto que una vez es revelado, te dejará boquiabierto a la vez que confundido, avivando dentro del espectador la llama de la curiosidad y la búsqueda del significado oculto tras esas múltiples fachadas, todas y cada una de ellas guerreando por mantenerse firmes con el fin de poder aprovecharse de Harper, en última estancia evocando a esa culpabilidad que en primer lugar la llevó a dejar atrás Londres.

Si bien “MEN” puede resultar un visionado complicado, las capas que conforman este relato son las que harán que te adentres más y más en su mundo. Nos encontramos con tantos elementos que podemos hablar de un puzzle al que debemos dar sentido uniendo las piezas poco a poco, por difícil que parezca pero sin obviar la belleza del paraje en el que transcurre la cinta con algunos fotogramas tan logrados que te erizarán la piel, siendo el ejemplo más claro el relacionado con el túnel ubicado en el bosque tras la propiedad alquilada por Harper. Puede no parecer tétrico, pero el uso del eco le da el toque exacto de temor por lo que pueda esconderse al final del mismo.
En definitiva, Alex Garland nos brinda una extraña fábula a la que no es sencillo acompañar pero con la que sí es imposible no darle al coco una vez la terminas. Por mucho que sus minutos finales cumplan con la misión de perturbar, no hay que olvidar que tras ello se esconde un sufrimiento mudo al que solo se es capaz de enfrentar de cara.
Puntuación: 7 / 10

