
Hace una par de semanas empecé a reírme solo en casa como un loco, el motivo era un link que me envió un amigo y que hablaba de las publicaciones retocadas que hacen los famosos y otros famosillos en sus redes sociales.
El tema es de traca. Tras mirar casi todas las fotos que venían ahí catalogadas como malos ejemplos de retoque digital, además de leer una breve explicación del porque lo son considerados así, te vas enterando de que es imposible que Jeniffer Lopez (@jlo) aparente ser una veinteañera en Instagram.
Con tantos millones en juego, las marcas no pierden de vista a esa realidad de nuestros tiempos. Cada famoso representa un filón de dónde se extraen al máximo sus ventas y su posicionamiento en un mercado extremadamente competitivo. Así que esa es la moraleja de este tema.
Truco es cuando uno mismo publica una foto suya tras docenas de efectos digitales. Encima lo defiende hasta la muerte en todos los medios diciendo que era todo espontáneo y muy natural.
Trato es como las grandes empresas de la media te protegen por todos lados y te favorecen sí o sí en tu aspecto físico para que sigas vendiendo sus productos... mismo que tengas más de 50 años y que lleves encima unos 20 kilos de más.
Tras la sesión de risas y la decepción que me he llevado con la musa latina adorada por más de 130 millones de seguidores, os dejo otros "buenos ejemplos" de que el retoque no te hace más feliz, solo te enmascara lo que eres - un feo con mucha suerte y mucho dinero. 😎
Adelgazamiento instantáneo - Incluso este servidor podría hacerse famoso a base de un buen software especializado.

Aberración a la vista - Bronceado eterno y brillo extremo - lo más demandado por el famoso de turno. Por cierto aquí han retocado incluso al pobre perro.

La prueba definitiva - Cuando se intenta adelgazar el cuerpo del famoso, muchísimas veces el diseñador gráfico lo hace todo mal y no se da cuenta que las líneas alrededor del "retoque" se distorsionan enseñado la evidente manipulación de la foto original.

Revistas de moda y del corazón - Aquí no hay quién se salve. No hay publicación que salga a la venta sin que lleve encima docenas de horas de retoque digital.


