A pesar de considerarme un fan acérrimo de la marca japonesa que da nombre al foro en el cual estamos reunidos, hoy no vengo a hablarles de una IP exclusiva o de un videojuego multiplataforma cuyo desarrollo tuvo en consideración la interfaz dinámica que ofrece la consola de Sony, no, en lugar de ello, mi intención es la de recomendaros, mis queridos lectores, un port (casi) recién lanzado en formato digital de un título creado por Bohemia Interactive, el cual nació siendo nada más que un mod para la franquicia Arma, en concreto de su segunda entrega, Arma II. Seguramente los más avispados ya sabrán de a qué obra me refiero, y si ese no es el caso, permitidme introduciros a DayZ.

Siendo honestos, muchos de los videojuegos que se estrenan en compatibles y posteriormente (o a priori) inundan nuestras redes con videos que revelan sus características y bonanza jugable acaban por llamar mi atención de tal manera que no puedo evitar sentirme compungido ante la imposibilidad de hincarles el diente y saborear aquello que a muchos otros ya ha complacido y saciado su voraz apetito videojueguil. Afortunadamente, el último par de años nos ha brindado un incremento en el número de adaptaciones de PC a Playstation, otorgándonos así la oportunidad de jugar a títulos como por ejemplo Wreckfest, desarrollado por Bugbear (creadores de la saga FlatOut), lo más parecido a Motorstorm que hoy en día podemos encontrar en el catálogo de Playstation 4, no tanto por la epicidad de los circuitos pero sí por la crudeza de la que gozan las carreras (¡madre mía las colisiones!). Siendo este el caso, ya os imaginaréis que le había echado el ojo hace mucho tiempo a DayZ, embaucado por sus mecánicas jugables de carácter survival así como por la temática y ambientación del mismo, puesto que, ¿quién puede negarse a interpretar el papel de una persona anónima que aparece en medio de la nada, provista únicamente de una bengala, refrigerio y pieza de fruta, que debe sobrevivir a una pandemia zombie que ha desolado a toda una región rusa llamada Chernarus (de 230 Kms cuadrados de magnitud), a parte de a los múltiples jugadores (la cifra máxima asciende a 60 por servidor), hostiles en el 90% de los casos? Yo no, y por esa razón, cuando me crucé con él en la Store, mis ojos no pudieron rehuir de dicho descubrimiento, comenzando así una única interrogante a revolotear de un extremo a otro mis lóbulos, ¿debería comprarlo? No pasaron ni 24 horas cuando el historial de mi cuenta de Youtube se llenó de videos gameplay, críticas y emisiones en directo de la obra de Bohemia Interactive, los cuales me dejaron claro que la opinión pública coincidía en que el videojuego, lanzado en su versión 1.04 (próximamente se actualizará a la 1.05 incluyendo un nuevo mapa llamado Livonia), no estaba optimizado lo suficiente como para gastarse los 49,99 € que se solicitan al usuario. No obstante, dentro de ese océano de negatividad en el que están instaladas tanto la versión de PS4 como de Xbox One, una minoría sí recomendaba hacerse con DayZ…, en caso de que la persona que estuviera dispuesta a desembolsar la cantidad ya mencionada tuviera el coraje necesario para enfrentarse y dejar a un lado los bugs y glitches que a día de hoy siguen campando a sus anchas en cada sesión de juego. Aunque a algunos lo siguiente les pueda parecer desconcertante, yo aún siento nostalgia por aquella época en la que los fallos técnicos colmaban nuestra paciencia (véase Fallout 3), y se convertían en parte de la experiencia de jugar a la consola, es por ello que no tengo inconvenientes en hacerme con títulos a los que se les atañen esta clase de contratiempos, ya que en el fondo me recuerdan no solo a una época mejor de mi vida, sino también a que estoy pasando un buen rato jugando, que al fin y al cabo es lo importante. A todo esto, acabé tomando la decisión de adquirir DayZ, aunque no a cualquier precio, puesto que como bien he mencionado previamente, 49,99€ se consideraba una cantidad exagerada por los objetores e incluso por aquellos que ya le habían dado una oportunidad, por lo que yo no sería la excepción necia y boba.

A menudo me pregunto si de verdad existe la suerte, si esa fuerza mayor a la que muchos atribuyen parte de la felicidad que adorna su existencia está ahí para, de cuando en cuando, echarnos una mano en el momento oportuno…, porque si ese no es el caso, entonces no me explico lo ocurrido la semana del 9 de Septiembre. Dicho septeto comenzó como otro cualquiera, con mi persona esperando ansiosamente la respectiva actualización de rebajas que tendría lugar ese miércoles, y no os mentiré, esperaba que de alguna manera esta revisión trajera consigo algún tipo de deducción en el precio del título que hoy nos concierne, pero lo cierto es que no trajo más que descuentos relacionados con el repertorio de carácter nipón que ofrece Playstation, los cuales no estaban del todo mal, pero que muy a mi pesar, en el fondo resultaron frustrantes puesto que no satisfacían mis necesidades recreativas en ninguno de los sentidos. No lograba no imaginarme sentado a altas horas de la madrugada jugando DayZ, escapando de los infectados que pululan su mapa o enfrentándome a otro jugador que, como yo, estuviera rapiñando cualquier tipo de objeto por muy inútil que aparentase a primera vista, con la única intención de mantener con vida a su personaje. Sintiéndose un vicio sin razón de ser, a cada segundo, minuto, hora que pasaba, no podía evitar encontrarme más y más desesperado por jugarlo, aunque como bien dicta el dicho que siempre que puedo inculco a mi primo el ingenuo cuando se pone a estudiar para los exámenes finales, “más vale resignarse que engañarse”.
Habiendo aceptado la dura realidad que me oprime y asfixia tal y como es la falta de dinero, me vi inequívocamente arrastrado a otro finde perpetuo, condenado a la privación del disfrute consolero ni más ni menos que un viernes, 13 de Septiembre. Sentía ser la víctima idónea de una broma cruel ideada por el mismísimo Destino, la travesía en la que me había embarcado se daba de bruces con un Jason que, machete en mano, esperaba pacientemente a que me convirtiera en su próxima víctima. Cabizbajo, me senté en el sofá, apoyé sobre el respaldo el peso de mi tronco y de la congoja que sostenían mis hombros, encendí la videoconsola y me dispuse a revisar una última vez aquellas rebajas caducas en un intento de corroborar mi tristeza, cuando repentinamente surgió una pestaña fresca e inédita hacía un par de días. “Ofertas Premium para Usuarios Plus” se hacía llamar ese nuevo set de descuentos representado por Days Gone y Metro Exodus.
En shock, cliqué sobre esa lista de novedades abaratadas tentando a la misma Fortuna que, intencionadamente o no, se había reído en mi cara dos jornadas atrás. Con el pulgar izquierdo sobre la cruceta del mando, comencé a ojear todos los artículos que estaban incluidos dentro de la recién estrenada promoción, desde Triple AAAs a juegos indie de relumbrón. Según bajaba, un ligero cosquilleo en la nuca empezó a tornarse en un obstinado escalofrío que recorría de punta a punta mi espina dorsal al mismo tiempo que ambas manos sudaban y estremecían como si supiera que estaba a punto de ser rebanado por el filo del machete de Vorhees, cuando de repente se dio en la pantalla de mi televisor el thumbnail de DayZ. Anonadado, tragué saliva y accedí a la ficha del producto. Mientras ésta se cargaba, mantuve sellados los labios mientras que en el interior apretaba con fuerza mis dientes, ¿sería posible? Terminada la espera, mis ojos comenzaron a lagrimar a la par que mi boca esbozaba una repentina y compulsiva sonrisa de satisfacción. Me llevé el puño a la misma y lo siguiente que recuerdo es verme saltando a lo largo y ancho del salón con el Dualshock 4 en mi mano. Después de todo, el azar estuvo de mi lado cuando yo más lo necesité, de ahí que me pregunte si es posible que exista esa fuerza mayor a la que me he referido un párrafo atrás.

En fin, aprovechando el descuento, me hice con el título después de dos semanas dándole vueltas al asunto a un precio de 29,99€, valor que, a pesar de parecer elevado, sí he podido amortizar durante todas las horas que ya le he dedicado a exterminar zombies, explorar ciudades en ruinas, centrales de minería, puestos militares… Y todo esto desde la perspectiva de cuatro supervivientes de distinta índole, puesto que este videojuego cuenta con la funcionalidad “Muerte Permanente”, lo que quiere decir que cada individuo al que controles solo podrás usarlo el tiempo que lo mantengas con vida, ocurriendo lo mismo con todo el material que saquees o descubras con cada uno de ellos. Aunque al principio este hecho me echara para atrás, ¿no es nuestra misión como seres humanos evolucionar y adaptarnos a las circunstancias? Al empezar mi primera partida, no pude encontrarme frente a una situación más complicada con la que lidiar. De noche y en medio de una frondosa arboleda, abrí el inventario y encendí la bengala predeterminada con la intención de encontrar una cabaña en la que poder esconderme el rato que durase la negrura. Pasados unos cuantos minutos, pude deslumbrar en la distancia lo que parecía ser un conjunto de casas que seguramente guardaban en su interior mi primer loot, por lo que corrí en dirección a éstas cuando de la nada escuché lo que parecía un gruñido. Frené en seco y me equipé con el cuchillo de piedra que viene de serie con el personaje para después lentamente acercarme a la estructura más cercana del vecindario recién encontrado. El gañido se acentuaba a cada paso que daba hasta que un momento dado se dejó de oír. Intrigado por las razones que lo llevaron a desaparecer pero más interesado en los objetos que se ocultaban en las viviendas, decidí proseguir con mi camino. En su momento no me fijé, pero en la esquina inferior izquierda, aparte de la barra de estamina, podemos encontrar un medidor de ruido con cuatro niveles de sonoridad puesto que en este juego hay que tener cuidado hasta con las pisadas que demos y el terreno sobre el que las damos. Dicho esto, el ciclo de vida de mi primer superviviente no llegó muy lejos puesto que debido a este dato, que imprudentemente desconocía en ese instante, aquel singular gruñido se tornó en el alboroto provocado por una jauría de muertos que se precipitaron sobre mi, acribillándome a zarpazos y mordeduras mortales. Has muerto. Tan escueto y a la vez severo con el jugador como lo vivido en la saga Dark Souls, mi primera andadura por Chernarus resultó tan infructuosa como a la vez enigmática, por la tensión vivida en los segundos previos a mi muerte como por la curiosidad que generó en mí el imaginarme qué hubiera pasado si en lugar de haber cogido la izquierda nada más empezar, hubiera puesto rumbo a la derecha. Para no dilatarme en demasía, solo comentaré que las dos historias venideras acabaron igual de mal para mis personajes, siendo el primero tiroteado por un par de matones virtuales que ya tenían retenido a otro jugador, y la segunda (sí, era una mujer) muriendo por deshidratación severa. A pesar de ello, este primer trio de experiencias me sirvieron para acostumbrarme a la rutina de DayZ, por lo que a la cuarta fue la vencida.

Controlando en la actualidad a un hombre de mediana edad, blanco y asiático, he conseguido sobrevivir ya la friolera de ocho días, en los cuales he logrado abastecerme no solo con líquidos, comida e instrumentos de primer auxilio, también con un hacha, una escopeta, un rifle de caza, una pistola 9mm y toda la munición necesaria para, si se diera el caso (que se dio), poder hacer uso de todas ellas, como ya aconteció en un par de ocasiones las cuales os describiré a continuación porque éstas se convirtieron en el motivo que me animó a descubriros este videojuego. Imaginaos estar caminando agachados a la luz de la luna, sujetando una linterna y procurando lo más rápido posible un refugio en el que resguardaros de los peligros que acechan en el exterior. Así me encontraba yo en medio de una urbe llamada Chernogorsk, ubicada frente a la costa sur del mapa. Dando tumbos de una acera a otra, abriendo puertas por doquier en busca de lo que fuera que me sirviera para alimentarme, observando desde las esquinas para evitar cualquier encontronazo con un alelado enrabietado, acabé por llegar a las afueras de dicha localización donde se disponían una serie de casas de madera con sus respectivos invernaderos y trasteros esperando a ser asaltados. Si bien ya había aprendido que correr por la noche era una mala idea, al no oír ningún signo de ¿vida? a mi alrededor, me tomé la libertad de levantarme y correr por el césped (el asfalto resulta inapropiado), para de esta manera ahorrarme un tiempo precioso con relación a los niveles de hambre e hidratación. Al principio todo parecía ir bien hasta que en una de estas corridas me planté frente a un infectado que no dudó en chillar y tirarse sobre mí. Sin tiempo para sacar el hacha del inventario, obtuve la escopeta de la rueda de selección y disparé para así ganarme unas horas…, o segundos más de vida, puesto que finalizado ese particular encuentro, la misma jauría (ahora compuesta por zombies diferentes obviamente) que ya había acabado conmigo la primera vez, volvió a darse lugar para acabar conmigo por lo que corrí lo más rápido que me pude permitir y me encerré en una pequeña vivienda que había por la zona. Todos y cada uno de esos bárbaros en lugar de marcharse, rodearon la residencia, impidiéndome así el poder escapar. Seguramente otro hubiera preferido desconectarse del servidor y empezar de nuevo en otro lugar, pero yo en cambio quería hacer frente al problema por mis propios medios, lo que me llevó a equiparme con la linterna y realizar un reconocimiento rápido de la zona a través de cada una de las ventanas de la morada. Sin más remedio, me hice de nuevo con la escopeta, cargándola con las 6 balas correspondientes y comencé a despachar a todo aquel que asomara la cabeza. De esta manera, uno a uno, logré liquidar con todos los miembros de la horda a base de paciencia y disparos certeros. Una vez cesaron los gritos, volví a echar un vistazo al exterior para asegurarme de que ahora sí estaba a salvo de aquella rabiosa multitud. Tras hacerlo, salí y rebusqué en los cadáveres en busca de alimento o vendajes, los cuales encontré para mi fortuna. Aunque uno pueda pensar que esto no es más que otra de las eventualidades que pueden tener lugar en DayZ, la sensación con la que el jugador que lo vive se queda al terminar es inmejorable, como si acabara de ser partícipe de un buen episodio de The Walking Dead. A esta misma faena me tuve que enfrentar por segunda vez al probar uno de los (para mi sorpresa) abundantes rifles de caza repartidos por el mapa. Con la munición adecuada en la mochila, tomé el nuevo arma, cargué la correspondiente bala y disparé al de par ingenuos embobados que caminaban en la lejanía por el extenso prado frente al que me hallaba. Sabía de antemano que esto atraería la atención de los zombies adyacentes, pero siguiendo la misma estrategia hace nada expuesta, pude librarme de todos aquellos canallas sedientos de sesos que fueron en mi busca. Lo mejor de todo es que gracias a los objetos que de ellos obtuve, he sido capaz de mantenerme con vida tanto tiempo, sin tener que preocuparme de más con el tema de la comida y las bebidas, hecho que te anima a no darles la espalda y confrontarlos siempre que te sea posible.

Metiéndonos de lleno con el apartado gráfico, ya he comentado que los fallos técnicos están a la orden del día y seguramente serán la causa por la que la gran mayoría de los jugadores acabarán dando la espalda al título antes incluso de probarlo, pero como también he podido dejar claro a lo largo de este masivo texto, estos no acaban (del todo) por estropear la experiencia general de lo que Bohemia Interactive busca ofrecer. A pesar del exagerado lag o de la continuada carga poligonal de los escenarios, los cuales no busco excusar, el hecho de sentirse parte de Chernarus (ya sea con una simple caminata de un punto otro del mapa o liberando a los infectados de su cautiverio inconsciente), y la incertidumbre que causa el no saber cuánta vida le quedará a tu personaje bastan para mantener atrapado al jugador quien, como yo, buscará ir adentrándose en el corazón de este territorio en busca de mejor material, a pesar de que al hacerlo, los porcentajes de mantenerse con vida vayan disminuyendo. Con respecto a la faceta sonora, poco hay que decir. El juego prescinde de melodías originales, lo cual no le hubiera venido nada mal (me bastaría algo parecido a lo que se puede escuchar en Fallout 76), para imbuirle de vida a los preciosos escenarios con los que se puede uno topar. En cuanto al sonido ambiente, no hay nada que pueda reprocharle a lo chicos del estudio checo. El sonido de los pasos según el terreno sobre el que los des, la carga de las armas, los disparos, el gruñido de los infectados, la lluvia, el piar de los pájaros… Todo en este sentido funciona y cumple con su cometido. Como bien he indicado en el título, esto no es más que una simple recomendación. Para un videojuego que en sus orígenes resultaba ser un mod de Arma 2, y que finalmente, gracias al éxito que obtuvo no solo entre los usuarios de dicho título sino también entre la propia comunidad de Steam, DayZ es una apuesta segura si eres fan de la supervivencia y de la ambientación post-apocalíptica. A poco que le dediques unas horas y obvies los glitches con los que seguro que te encontrarás, estoy convencido de que te lo pasarás en grande. PD: DayZ también incluye una opción de chat por voz que no he comentado en este artículo puesto que siendo honesto, no soy la clase de jugador al que le guste ir por ahí hablando con otros. La opción está, allá tú si te interesa probarla.

