Pocas películas he esperado con tanta ansia desde que la pandemia del Covid-19 azotara nuestras vidas en el ya lejano mes de marzo de 2020, como la secuela al film del hechicero supremo de Marvel, y ello se debe no únicamente a querer descubrir cómo se las ingeniaban los guionistas de la Casa de las Ideas para aunar en una sola cinta las consecuencias de lo que se ha ido tejiendo en el pasado reciente del Universo Cinematográfico de Marvel, sino también a las ganas que tenía de que se prosiguiera contando la historia de este personaje tan peculiar dentro del abanico de adaptaciones del papel a la gran pantalla después del festín visual que fue la primera parte. Aunque debo decir que en ese sentido me he quedado satisfecho, puesto que el nivel de efectos especiales se mantiene a la altura de principio a fin, dentro de este Multiverso y sus infinitas posibilidades, hay una serie de puntos clave conectados entre sí que provocan que esta secuela no pueda disfrutarse de la misma manera que su antecesora.
Os seré sincero, si lo que triunfaba en la cinta original de Doctor Strange (2017) era ver cómo Stephen se daba de bruces con una realidad que escapaba a su percepción empírica de lo que él suponía que era la vida para poco a poco aceptarla y finalmente alzarse como una de las entidades más poderosos del UCM, en esta ocasión nuestro protagonista sirve casi más de gancho para que otros personajes como la Bruja Escarlata de Elizabeth Olsen, puedan contar su historia que como hilo conductor de la trama. A esto ayuda que la película aúne demasiados géneros en sí, más de los que debería y que van desde las clásicas secuencias de acción a gran escala hasta la típica comedia de Marvel, suspense o incluso terror, razón por la cual se ha contado con la experiencia de Sam Raimi (Evil Dead, Spider-Man), detrás de las cámaras y al que se le le ha dado total libertad creativa, en detrimento de un Scott Derrickson que dejó la silla de director después de haber dirigido la primera parte. A pesar de los esfuerzos de Raimi por dar constancia al ritmo, hay multitud de situaciones en las que este aspecto cambia abruptamente, saltando de una persecución a unos segundos de tensión para después llevarnos un susto, en seguida relajar un poco el ambiente y finalmente un toque de suspense, por poner un ejemplo, generando un desequilibrio constante que no nos permite tomarnos un respiro salvo en un par de ocasiones en los que incluso se alarga en demasía ese descanso.
Con esta especie de mix, vemos cómo avanzamos en lo relacionado a nuestro doctor, indagando de tanto en tanto en sus sentimientos y en el peso de sus responsabilidades, pero también cómo durante buena parte del tiempo se nos busca hacer entender las motivaciones de quien para este film se viste de villano, recordándonoslas una y otra vez hasta que al final nos compadezcamos por dicho personaje, lo que en mi caso no ha hecho más que dejarme una sensación un tanto agridulce debido a que, de haberse llevado de otra manera el guión, la conclusión podría haber sido más satisfactoria para todos, tanto espectadores como para el film en sí y el UCM en general.
Pero lo que sí hace bien esta secuela, es cómo se trata la aparición de América Chávez (Xiotchil Gómez), una joven capaz de viajar entre los diferentes universos que conforman el Multiverso y que aquí se convierte en la protegida de Stephen Strange cuando este se percata de la importancia de sus poderes. El tiempo en pantalla que ambos comparten resulta en ocasiones enternecedor, ya que América no deja de ser una adolescente que según progresa la película, ve en Stephen una figura casi paternal de la que aprender y así prepararse para lo que está por venir.
Otro de los grandes aciertos de la película es el de haber contado con Danny Elfman en el puesto de compositor de la banda sonora, ya que como uno puede imaginarse, un maestro nunca falla, y eso mismo ocurre en este caso. Elfman nos presenta una serie de melodías (incluyendo guitarras eléctricas), que saben adaptarse a cada situación y a cada personaje, lo que hace que cada encuentro desde el punto de vista musical sea fantástico y con alguna que otra sorpresa nostálgica e incluso visual.
En definitiva, Doctor Strange en el Multiverso de la Locura es una secuela de claroscuros en la que esos oscuros ocupan más espacio que lo positivo, ya que afectan a la propia base narrativa de la cinta, lo que es una pena después de la fenomenal primera entrega de esta, seguramente, futura trilogía. Aún con sus pegas, no deja de ser un par de horas bastante entretenidas que ayudan al UCM a dar un paso adelante en su expansión por el Multiverso y que deja con ganas de saber cómo se explorará de ahora en adelante, mayormente sabiendo que la siguiente película de Ant-Man (Quantumania), estará centrada en esto mismo.
Puntuación: 7 / 10

