
El júbilo de una pandilla de jóvenes cuya felicidad acaba por contagiar al público nos da la bienvenida a lo último de Thomas Vinterberg, clásico contemporáneo del cine danés junto a Von Trier, quien rápidamente se las ingenia para sacarnos de esa cuasi bacanal itinerante y presentarnos a Martin, uno de los componentes del cuarteto protagonista e interpretado por un asombroso Mads Mikkelsen, así como a la anodina existencia que abandera su falta absoluta de carisma, un defecto que se refleja a través del trato con su familia, la cual se ha olvidado de mirarle a los ojos y recordarle que le quieren, seguido de sus alumnos, sobre los que no tiene ningún tipo de control y que con el transcurso de los acontecimientos, acabarán convirtiéndose en el bálsamo que aliviará sus penas, porque si hay un tópico que destaca en “Otra Ronda”, esa es la búsqueda del antaño albedrío, uno que aquí solo se atisba cuando llegamos al clímax del filme después de que este grupo de amigos, profesores de secundaria, se embarquen en el proyecto de sus vidas, probar si el filósofo noruego Finn Skårderud decía la verdad al defender que los seres humanos nacemos con un déficit de alcohol en sangre.

Aunque la premisa pueda parecer un tanto inocente y que la primera mitad de la cinta se apoye en la comedia para representar lo bien que uno se lo puede pasar tomando alcohol—sin pasarse de la raya—de forma diaria, el gran éxito del trabajo de Vinterberg es no limitarse a mostrarnos solo una de las caras de la moneda como se empañan a menudo desde Hollywood, haciéndonos que nos demos cuenta de que ese gozo con el que se nos sacude al principio no se trata de una emoción perenne sino caduca, y de que es mejor darnos cuenta de ello antes de que sea demasiado tarde porque inevitablemente, llegados a un punto, tocará hacer a un lado estos entretenimientos para cambiarlos por otros más sanos como lo puede ser hacer un viaje en familia. Algo tan simple pero en el fondo necesario.
“Otra Ronda” es un increíble viaje de ida hacia el éxtasis total, que dispone frente a nosotros tanto las luces como las sombras de lo que puede llegar a significar el alcohol, un convite a rememorar cómo éramos en el pasado, pero que a su vez puede ofuscar nuestra visión del presente y hacernos tirar por la borda todos los logros de una vida a base de una vil nostalgia de la que lo único que deberíamos hacer caso es el no permitirnos caer en esa fútil rutina que apresa a Martin e intentar mantenernos fieles a quienes realmente somos a pesar del paso de los años.
Puntuación: 9 / 10

