
Afronté sus imágenes esperando nada más que un desenlace que me dejara boquiabierto, pues eso rezaban muchos de los comentarios que leí antes de hacerme con su DVD, pero Perfect Blue, posiblemente la cinta de temática adulta más valorada e influyente no solo dentro de la industria japonesa sino del género de animación, tenía muchas más cartas bajo su manga para conquistarme, unas que con cada minuto que pasaba, cuanto más se acercaban sus créditos finales, parecían ser desveladas con maestría y al ritmo ideal para que al igual que un tornado, me arrastrase consigo haciéndome partícipe de esa caída en desgracia del juicio de Mima, la protagonista de esta película, quien busca romper con un pasado que se halla tan arraigado en sí, que aún con la única intención de luchar por una oportunidad con la que dejar atrás todo aquello que le hacía ser quien ella creía ser, no le dará ni un respiro si quiera para entrar en razón, llegando hasta el espectador a sentirse exhausto (en un buen sentido), por ignorar qué es qué en este tablero cuyos sutiles movimientos pillan por sorpresa una y otra vez.
Esa ruptura del Ego, de la identidad propia que pasa de unas manos a otras de manera inconsciente tejiendo una red de sucesos mortales puede verse empañado por unos trazos que muchos a priori consideraríamos infantiles, pero que en realidad Perfect Blue usa a su favor escapando de los clichés narrativos y visuales a los que la mayoría de veces el cine se ve abocado, puesto que mucho de lo que Satoshi Kon tiene que expresar, creo que solo funcionaría si no limitamos el espectro crítico al del realismo clásico, precisamente ese por el que la animación no se ve avasallada y que permite a los personajes que pueblan sus escenarios a no cohibirse, tanto para bien como para mal, porque ese es el otro gran lance que nos propone este filme.

La vida de una persona cobra sentido una vez ésta madura y es capaz de mirar por encima del hombro a quien un día fuera, ese renacuajo/a para el que el mundo todavía podía resultar maravilloso, para el que la ignorancia solo significaba que aún quedaban cosas por descubrir, y es justo esto lo que la historia de Mima refleja. Dar la espalda a todo lo que un día fuimos aquí conlleva aceptar que el mundo es más cruel de lo que imaginamos, la emancipación de un verdugo vital que nos obliga a correr de vuelta a ese Yo que por desgracia ya no volveremos a ser, una benevolencia que se ve desgarrada pero por la que disputamos constantemente incluso en físico, manchándose Mima las manos de sangre por la vida que ha decidido vivir.
Perfect Blue es un claro ejemplo de por qué nunca debemos juzgar un libro por su portada, aunque en este caso el dicho pueda valer no solo para esta película sino para el género de animación, en concreto al del anime, puesto que estamos ante un thriller psicológico a la altura de sus hermanas live-action, el cual encumbra a un Satoshi Kon que consigue elevar el valor del trazo frente a la fotografía. Todo un logro.
Puntuación final: 8/10


Excelente análisis, digno de un nuevo guion para algo que ya es perfecto en si mismo.