
Satoshi Kon no solo fue uno de los directores más prolíficos del anime japonés. Gracias a su filmografía, descubrimos a un cineasta con un excelente tacto para tratar las emociones humanas a través de la a priori inocente vista de la animación, profundizando en el psique de sus protagonistas como si estos fueran de carne y hueso. Algo muy difícil, pero que resuelve con soltura al igual que hoy en día consiguen en Pixar.
Ya lo comentamos a la hora de criticar “Perfect Blue”, para nosotros su obra maestra, y hoy nos rehacemos en dicha afirmación para tratar “Millenium Actress”, una cinta cuyo núcleo narrativo se centra en la persecución de un amor no correspondido enmarcado dentro de un sincero homenaje al medio del cine, narrado mediante un metarrelato en donde la realidad se confunde con la ficción de una manera sorprendente y en donde los personajes de Genya Tachinaba y Kyōji Ida, quienes dan el pistoletazo de salida a la aventura, como el espectador, empiezan su viaje abrumados por el extraño convite que resulta el conocer de primera mano la historia de Chiyoko Fujiwara, móvil de la trama, pero que con el paso de los minutos, se dejarán embriagar por el trasfondo emocional que ésta esconde, uno que nos llevará hasta su infancia y que se expandirá a lo largo de los años.

Si bien el afecto hacia esa media naranja que siempre ocupará un lugar en nuestro corazón además de hacia la industria cinematográfica es el principal acicate del filme, no lo es menos la propia época en la que transcurren los hechos que servirán de base para ese romance que Satoshi Kon buscará contar, en la que divergir de las ideas políticas conllevaba enfrentarse de cara a toda una nación y que aquí se ve reflejada en el personaje del oficial de policía que obstaculiza continuamente el encuentro de la pareja y que hace que todo ese amor que Chiyoko siente lo deposite en los dos únicos recuerdos que tiene del artista que la conquistó casi sin querer, una llave y un retrato que él realizó de ella a escondidas pero con una delicadeza emocionante, razones de sobra por las que no se da por vencida en su afán de un día dar con él de nuevo. Es precisamente esta idea lo que ayuda a “Millenium Actress” a superar a otros tantos relatos románticos audiovisuales, su concepción del amor ya no como algo que dependa de lo físico (un beso, abrazo, etc.) sino como el propio sentimiento imperecedero que puede llegar a ser, esa idea de sentir que alguien piensa en nosotros o de estar cien por cien seguros de a quién le pertenece nuestro corazón, verse correspondido y luchar por estar a su lado cueste lo que cueste, incluso toda una vida. Como bien dice ella, “el perseguirle me apasionaba”.
A todo esto toca sumarle la banda sonora compuesta por Susumu Hirasawa que, en ciertos momentos, es capaz de dejarnos con las lágrimas a flor de piel por culpa de unas melodias preciosas y lo suficientemente alegres a la par que melancólicas, como para que al finalizar el metraje reflexionemos acerca de lo importante que es el apego y cómo imbuye de vida saber que en el fondo no estamos solos. Un conjunto que funciona como un reloj suizo y cuyo final puede de primeras impactar, pero que al final llena de esperanza.
Puntuación: 8 / 10


