Como es tradición, cada año cuenta con su particular gran referente del género del terror, del que se hablan maravillas tanto desde la crítica especializada como por parte de unos espectadores que parecen extrañamente ponerse de acuerdo en que con cierta película, se puede hacer una excepción y dejar a un lado lo negativo para centrarse únicamente en las cosas que hace bien. No estamos seguros del motivo que da lugar a este fenómeno, pero podemos confirmar que en lo que va de año, X es dicha cinta, pero que lo anterior dicho no lleve a confusión, porque lo nuevo de Ti West, un curioso cineasta que puede sacarse de la chistera tanto un episodio en las series de televisión Scream (2015) o Wayward Pines (2016), como participar de una antología de cortos como V/H/S (2012) o dirigir una obra con buena recepción como La Casa del Diablo (2009); aunque con sus fallos, sigue siendo una película bastante entretenida, tanto por las razones que llevan a nuestros protagonistas al futuro escenario de sus muertes —satisfactoriamente grotescas—, como por el trasfondo cultural que en parte motiva a sus verdugos a actuar de la manera que lo hacen.
Tomando estos datos, uno podría decir que la cinta por ahora pinta bien, puesto que se presenta frente a nosotros una dicotomía que aporta más capas al argumento y a los hechos que tienen lugar, algo que en el género slasher pocas veces ocurre pero que al menos se ha tomado en consideración para este film. Por algo todo transcurre a finales de los 70, una época en la que EEUU todavía se veía inmerso en un contexto donde ideologías conservadoras y progresistas convivían como el agua y el aceite, muy a pesar de que a través de un diálogo tan convincente y unas actuaciones que hacen de estos personajes unos buscavidas bastante carismáticos, se busque instar que los tabúes en relación al sexo de poco o nada sirven y que la vida debe disfrutarse, no limitarse a lo impuesto en el pasado.
Aún con esta inusual profundidad que nos ayuda a empatizar cada vez más con estos personajes, la cinta no consigue zafarse de las clásicas carencias de los slasher en los que se inspira, como las prisas con las que se desenvuelven el nudo y el desenlace, o una aclaración más precisa de qué es lo que realmente lleva a uno de los asesinos a matar, porque en un momento dado parece que debajo de esa apariencia hospitalaria que nos invita a compartir una limonada, se esconde una envidia malsana que no se vuelve a tratar más adelante. En lo que la película sí que no falla es en la cantidad de violencia y sangre al que este género nos tiene acostumbrados. La tensión se va gestando poco a poco a lo largo del metraje, pero una vez nos vemos inevitablemente abocados a lo que hemos venido a ver, uno no puede más que sentirse satisfecho.
Es cierto que, aunque entretenida, X no es una película que vaya a marcar una época, pero ni falta que le hace. A fin de cuentas, estas películas se ven para pasarlo bien presenciando como un grupo de jóvenes insensatos caen a manos de un loco —o par de ellos en este caso—, que por unos motivos u otros, decide que les ha llegado la hora, no hay que darle más vueltas, pero sí que va siendo hora de que alguien se marque un Wes Craven e intente sentar una nueva serie de bases para que el género no siga acomodado en unos clichés que ya no gozan de la misma impresión que cuando se estrenó Scream en el lejano 1996.
Puntuación: 7 / 10

