
Hace ocho años en lo que se presumía un día mas de las vacaciones de verano, recuerdo sentarme frente a la mesa y tomar una taza de leche junto a un mixto, pensando en qué cosas podría hacer para sacar provecho de mi tiempo. Por entonces mis colegas no eran la clase de gente con la que tuviera muchas ganas de quedar, siempre prefería quedarme en casa jugando a la consola o con mi colección de Bionicle (descansa en paz), ideando tramas con las que darles motivos a estos juguetes de atacarse entre sí. De entre todas las cosas que estaban en mi mano hacer, decidí primero tomarme un rato para tirarme en el sofá del salón y zapear en busca de algún programa de entretenimiento o serie de dibujos animados con los que poder reírme un rato. Ese fue el momento en que mi relación con Historias Corrientes dio comienzo.
Hasta ese momento nunca había dado con un show infantil/juvenil que me hiciera decir “Oh, esto es lo mejor que he visto”. Por supuesto que la animación me había ayudado a pasarlo bien mucho antes, no lo voy a negar, pero salvo la excepción de Código Lyoko, todas y cada una de las series que había visto pertenecientes al ámbito animado no me habían calado tanto como sí lo ha llegado a hacer de la cual hoy estamos hablando.
Nunca olvidaré aquella mañana. Me planté en Cartoon Network porque según la guía de programación, los episodios que estaban emitiendo de Historias Corrientes no duraban más de 10 minutos, el tiempo justo que le quería dedicar a lo que quisiera que fuera a ver porque Noe estaba para prestar mucha atención, como ya os he dicho, tenía otras cosas en la cabeza. Desde la propia guía paso al propio canal y espero unos segundos de anuncios hasta que por fin se muestran en el televisor los títulos de crédito iniciales de la serie que para nada tenían que ver con lo que todos estamos acostumbrados. Ni tema musical ni una llamativa intro con desfile de personajes. Todo resultaba muy austero con unas letras que presentaban tanto el nombre del show como el del creador, productores y guionistas frente a un fondo púrpura que me recordaba a los alrededores de la nebulosa de la Cabeza de Caballo (sí, ya era muy friki por entonces).

“Acampar Puede Molar” era el nombre del episodio en cuestión y ya los primeros segundos me hicieron conectar con uno de los que parecían los personajes protagonistas, Mordecai, un arrendajo azul antropomorfo acompañado por un mapache travieso llamado Rigby. Al parecer ambos iban a ir de acampada aprovechando el buen tiempo e invitaban a las dos camareras de la cafetería en la que se encontraban, Margaret y Eileen (siendo la primera el amor “casi” platónico de Mordecai, algo similar a lo que yoe estaba pasando por entonces), quienes son sus amigas y acaban por aceptar la invitación. Una vez llegan al sitio de acampada, saltándose antes una advertencia que indicaba que en la zona no estaba permitido dicha actividad, todo parece ir sobre ruedas hasta que al caer la noche, comienza a llover. Al habérseles olvidado traer una tienda de campaña además de que las llaves del coche se encuentren dentro de este, los cuatro salen en busca de ramas con las que crear un pequeño refugio, pero mientras lo hacen, Margaret se da de bruces con un Hombre-ciervo que pretende acabar con ellos porque están perturbando la paz del bosque. Llegado este momento supe que la serie estaba hecha para mí. ¿Cómo pasar de lo que a priori parece una simple acampada a estar escapando de un ser mitad ciervo mitad hombre que está decidido a acabar contigo por todos los medios, incluso saltando y agarrándose a su coche a toda velocidad? Parece una locura, una ida de olla total, pero la clase de desavenencia que yo sentía que necesitaba.
Acabó ese primer episodio y enseguida se emitió uno más, igual o más divertido incluso que el anterior. Decidí poner a grabar toda la temporada para no perderme ningún otro capítulo de Historias Corrientes porque sabía que podría engancharme y disfrutar mucho de esta recién descubierta serie.

Como dije antes, eso ocurrió la friolera de hace ocho años, y hoy por fin, después de épocas en las que no podía encontrar capítulos nuevos al no estrenarse en España (supongo que por el boom de “Hora de Aventuras”), he tenido la oportunidad de llegar al final, de ver las tres últimas temporadas que ahora están disponibles en Netflix y poder sentir cómo el círculo que comenzó a dibujarse cuando todavía era un crío por fin se ha completado. Los que empezó conmigo empatizando con Mordecai por estar ambos enamorados y al mismo tiempo incapacitados para lograr estar junto a esa persona a la que amamos, ahora termina con un grupo de “amigos” que llevaré en mi corazón para siempre (mencion especial para Pops) y cuya existencia buscaré compartir siempre que tenga la oportunidad de hacerlo, tal y como hice con la chica a la que ahora amo, y con vosotros.
Historias Corrientes no solo se basa en las risas que provocan las absurdas situaciones a las que tienen que hacer frente cada uno de los personajes que con cada capítulo ganan más y más protagonismo, a pesar de que en ciertos momentos esto resulte en pequeños altibajos narrativos puesto que no todos los episodios siguen el argumento principal, sino que al igual que en los videojuegos, muchos sirven para ahondar en subtramas que a pesar de también ser graciosas, cuando te dejas llevar por el hilo maestro de cada una de las temporadas (culminando con la octava de una manera completamente inesperada pero satisfactoria a nivel global), es imposible no sentirse más atraído por ello, por conocer el desenlace a lo vivido en los episodios que siguen esta singular hazaña, que por lo demás. Eso sí, no os saltéis episodios puesto que todos merecen la pena y más.

Otro de los aspectos que más me llamaron la atención de esta serie fue la banda sonora, tanto la propia como la licenciada, ya que nada tienen que ver con lo que estamos acostumbrados. El “infantilismo” del siglo XXI da paso a unas melodías de sintetizador (y en ocasiones rock) más cercanas a los años 80 y a canciones de dicha época, lo que también le da un valor añadido de cierta nostalgia por saber que esta ya no es la playlist de nuestras vidas hoy en día, sino la de estos personajes cuya amistad, alegre comportamiento y esporádicas rimas sean un claro reflejo de cómo nos hubiera gustado vivir, incluso aunque parezca una forma de ser inmadura, quedando esto último reflejado en la penúltima frase del show: “No me creo que hiciéramos eso”.
En resumen, Historias Corrientes es una serie que tuvo la mala fortuna de no triunfar en España tanto como lo hicieron otras producciones y que desde aquí os invito a que veáis. Con suerte, os lo pasaréis tan bien como lo he hecho yo estos últimos 8 años.


Ah, y Código Lyoko a mí me chiflaba. Aunque pensándolo en frío el guión era muy repetitivo, ¡no me cansaba nunca! De mis preferidos sin duda
Wow, gracias por refrescarme la memoria!! :) Por los episodios sueltos que he visto, "Historias Corrientes" es la caña. Me parece súperinteligente aparte de divertido. Tendré que ver todas las temporadas desde el principio