Resoplando profundamente y sudando en frío, las dudas lo abordaron enseguida.
—¿Qué ha sido eso? —se frotó y secó la cara, tocándose posteriormente el tórax, notando fuertes palpitaciones, casi incontrolables. —Otra pesadilla más — se puso de pie y fue al baño. Al encender la luz y mirarse al espejo, se dio cuenta de algo extraño, la mancha en su torso parecía haberse hecho mayor. —¿Pero qué…? —dijo, palpando aquel supuesto lunar que hacía exactamente un año había surgido de la nada, y que ningún doctor había podido explicarle con claridad el motivo de su aparición.
Sin intención de volver a la cama, Vincent se mantuvo despierto bebiendo whisky, la misma firma de casi todas las noches, recordando con melancolía los años que pasó al lado de Anna, la única etapa de su vida en la que él había sido feliz. Si Johnathan Macy nunca hubiera entrado en escena, ¿qué hubiera ocurrido?, no paraba de fantasear con ello.
—Oh, Anna, ¿por qué me abandonaste? —se preguntaba a sí mismo. —A mi lado jamás te habría ocurrido nada, estoy seguro —los tragos se sucedían —¿Qué malnacido se atrevió a acabar con tu vida? —no paraba de reflexionar sobre ello, llevándole esas interrogantes al sollozo, así como a un dolor tan vasto que su corazón mismo se sentía mil veces apuñalado.
—Te echo de menos —fueron sus últimas palabras, contemplando por la ventana el amanecer de un nuevo día, uno más de los que Vincent debería afrontar a lo largo de su inconscientemente execrada vida.
FIN

