
A principio de temporada, unas semanas después de que tanto Barcelona y Real Madrid fueran eliminados de la competición continental que acabó ganando un avasallador Bayern de Munich, los hinchas de ambos equipos querían pasar página (más los culés que los merengues por el año en blanco que les había tocado sufrir), y fantasear con una nueva temporada llena de victorias y, con suerte, trofeos que meses después pudieran celebrar en las calles. Aunque soñar es gratis, no es que este primer tercio de temporada no haya sido lo que ambas aficiones esperaban, sino que las cosas han sido mucho peores de lo que se podía haber imaginado a primera instancia, y el problema ya no reside únicamente en un presidente manco o un entrenador falto de ideas, no, el problema ahora ya es cosa de los jugadores mismos porque no saben a qué jugar. Que sí, que pueden ser buenos e incluso la élite del fútbol mundial, pero no basta con que la calidad la posean y, al contrario que equipos más modestos, no la combinen en el terreno de juego.
El F.C. Barcelona se enfrentó este sábado pasado al Atlético de Madrid en el Wanda Metropolitano, y aunque en el pasado se pudiera decir que si se pierde se debe a que jugar en el campo contrario siempre es más difícil o que la presión de los hinchas rivales puede ejercer el papel de un decimosegundo jugador, ese ya no es el caso cuando lo que se ve es a un equipo de once jugadores que se pasan la pelota entre sí esperando a ver qué es lo que hace el que recibe o, peor todavía, que todos se pregunten qué es lo que va a hacer Messi, con qué maravilla nos sorprenderá. Llevo tiempo escuchando a otros comentaristas deportivos decir que el día en el que el conjunto blaugrana pierde a su 10, nunca más volverá a ganar nada, pero permítanme discrepar con todos ellos. ¿Y si el antídoto para que el Barcelona juegue mejor es desprenderse de Messi? Él llegó a la misma conclusión cuando decidió marcharse de la Ciudad Condal en verano, siendo retenido contra su voluntad por un Bartomeu que podría haber ganado 100 millones y ahorrarse 40 millones del salario que cobra el astro argentino por temporada para después hacerse con un reemplazo a la altura (¿Halland?). No importa que venga Koeman o Xavi o cualquier otro entrenador si la filosofía de su estilo de juego se centrará en jugar por y para Messi, y que los jugadores acaten la orden. No lo entienden, ¿cómo un equipo podrá ganar si la estrategia deportiva se basa en pasarle la pelota a uno para que haga cosas, y más todavía después de que dicho futbolista no se sienta satisfecho en el equipo en el que juega? Si es que a Leo ya ni siquiera le importa perder tanto como antes cuando agachaba la cabeza y se sentía culpable. Esa es la imagen de la que todos reniegan, la de un Messi que está porque tiene que estar y no por que quiere estar, y que deberían de una vez por todas aceptar. Si es que al final se marchará con la carta de libertad por la incompetencia de los que antes mandaban y la cabezonería de los que están por venir, ¿verdad, Víctor Font?
Y el Real Madrid no es que ande muy lejos de lo que le está pasando al Barça, porque cada temporada parecen estar equilibrándose sobre una fina cuerda que no para de mecerse a causa del viento, infinita y del que solo les libra de la caída la famosísima "flor" de Zidane. Es así, hay que aceptarlo. Con un (casi) partido a vida o muerte frente al Inter de Milán este miércoles, la plantilla blanca se remite muchas veces al azar para no acabar perdiendo sus partidos, ya lo hemos visto muchas veces con esas remontadas in extremis que dejan a sus contrincantes con la miel en los labios pero que en el fondo solo sirven para demostrar más aún lo que se está diciendo en estas líneas, y cuando uno depende en tantas ocasiones de esa suerte de flor, pasa lo que pudimos ver este sábado, que te empatan habiendo podido incluso perder sino hubiera sido por la pillería de Kubo al intentar dárselas del bueno de Neymar y buscar un regate antológico cuando todos los caminos indicaban que se la tenía que haber pasado a Gerard Moreno. En fin, son cosas que pasan, un día se gana, otro día se pierde, así es el curro de un futbolista que gana millones por supuestamente pasárselo bien jugando al fútbol, su pasión, por la que debería dar el alma al igual que un escritor por sus historias. Eso sí, Mariano se merece jugar mucho más.
Ahora la pregunta que muchos nos hacemos es, ¿podría ser esta la temporada de la abdicación del Barça y Real Madrid en el torneo doméstico? El Atlético está demostrando de nuevo estar en plena forma para plantar cara a quien sea como ya lo hiciera en el 2014, y lo mismo pasa con la Real Sociedad, quienes solo han perdido un partido y van líderes en solitario en la clasificación a expensas de lo que haga precisamente los chicos de Simeone en los dos partidos que tienen aplazados. Aunque todavía es muy pronto para sopesar quién podría llevarse el gato al agua, una cosa es cierta, están los que trabajan bien y los que lo hacen mal, y creo que este pequeño artículo deja muy claro quienes pertenecen a qué bando.

