
Es por todos bien sabido que el viejo continente alberga un selecto grupo de clubes de fútbol cuya historia está muy arraigada al triunfo mediático de este deporte a nivel global, incluso en los países más inhóspitos. Tomando un puñado de estos equipos como por ejemplo lo son el Real Madrid, Barcelona, Manchester City o Juventus…, prácticamente en todas partes podemos encontrarnos con fans que visten su camiseta cada vez que los ven jugar por televisión. Toda una declaración de amor por el conjunto de jugadores que conforman la plantilla y que cada semana lo dan todo en el campo para sumar puntos y ascender posiciones en su liga correspondiente o, si se da el caso, disputar el torneo de los torneos, la Champions League, competiciones regidas por el organismo más importante relacionado con este deporte, la UEFA, un coloso que ahora parece haberse convertido en el antagonista de una historia que ayer por la noche comenzó a ser escrita cuando ese círculo de estandartes europeos decidió anunciar de manera oficial la creación de un nuevo campeonato que no ha dejado a nadie indiferente y del que no se ha dejado de hablar, en la mayoría de casos, para mal, pero, ¿qué buscan exactamente con esta decisión?
Lo primero que a una persona se le puede pasar por la cabeza nada más enterarse de las bases de este nuevo torneo, en el que hay 15 equipos fundadores y 5 invitados cada año, es que la única intención de éstos, los más grandes de Europa, es la de jugar con el fin de granjearse más dinero —gracias a derechos televisivos y patrocinios— que las cantidades actuales de las que un porcentaje se lo debe llevar la institución que antes mencionábamos. La UEFA regula las competiciones en las que todos los clubes que forman parte de esta susodicha “revolución” participan, y parece ser que a ninguno de ellos le hace gracia que sea así, pero en el fondo también es cierto que el espectáculo se halla precisamente en los encuentros que protagonizan los clubes históricos, los que más han ganado y que tienen tras de sí una historia llena de éxitos. Lo vemos en la Champions, en la Liga, así como en demás competiciones domésticas e internacionales (incluyendo las exhibiciones en verano), y de este hecho es del que quieren sacar partido en caso de que este proyecto siga adelante.

¿No sería todo un lujo si cada semana pudiéramos ver en acción a Madrid y Barça compitiendo contra Man City o United, Milán o Juventus? Puede que sí, pero la verdad es que como siempre, no todo lo que brilla reluce, y en este caso, aunque todo suene muy bien, el problema más importante resulta en que esta competición no contaría con el sistema típico de descenso puesto que los conjuntos que han firmado por esta competición no correrían el riesgo de bajar de categoría, quitándole a la fórmula la emoción que hoy en día sentimos al preguntarnos cada temporada a qué equipos les va a ir bien y quienes podrían quedarse fuera de la Champions, Europa League o descender en sus respectivas ligas. Además de esto, el presupuesto de muchos clubes del continente no es equiparable al que los que componen esta Superliga tienen a su disposición, lo que complica una posible participación a no ser que se traten de PSG, Bayern, Borussia, etc…, quienes ya se han mostrado en contra de la puesta en marcha de este torneo por el hecho de estar estar en contra de lo que significa el fútbol, un deporte que busca unir a las personas, cohesionar culturas alrededor de un balón para que todos podamos disfrutarlo.
Es obvio que una Superliga compuesta por los mejores equipos de Europa sería toda una maravilla, ¿pero acaso la revolución del contenido futbolístico debe estar realmente llevada a cabo por los propios equipos?

