
Pocos podían imaginarse hace apenas un par de semanas que Kylian Mbappé, el astro francés al que se vinculaba con el club de Concha Espina desde que fichara por el PSG en el ya lejano verano del 2017, decidiera dar calabazas a Florentino Pérez y a la casta blanca de la que parecía estar destinado a formar parte más pronto que tarde, y es que así mismo se presumía después de que el verano pasado confesara a los dirigentes de la entidad parisina su deseo de no renovar y sí fichar por el Real Madrid, quien no dudó en poner sobre la mesa la friolera de 200 millones de euros, como si ya en ese momento se temieran que dar el margen de una temporada más para que Al-Khelaifi convenciera a su jugador para renovar sería lo mismo que echar por tierra la futura planificación deportiva que giraba precisamente alrededor de la figura del joven de Mondy.
Aún con el trabajo hecho a lo largo del presente curso, con presiones aquí y allá y la presunta llegada a un acuerdo verbal que, según la madre del futbolista, nunca llegó a concretarse, unido a salir de la puja por la otra gran estrella del mercado como lo era el delantero noruego Erling Haaland antes de fichar por el Manchester City —o lo que es lo mismo, otro equipo propiedad de un jeque—, la incertidumbre que ha provocado esta inoportuna decisión con respecto a las próximas temporadas es palpable no solo en el seno del club sino también en el de una afición que, a pesar del varapalo que supone perder la oportunidad de disfrutar de Mbappé con la elástica blanca, también está convencida de que el equipo, tal y como está ahora, seguirá siendo capaz de valerse por si mismo, y basta con pensar en que el conjunto de jugadores de la plantilla del Real Madrid no han echado en falta la presencia de un nuevo galáctico esta temporada para llegar por decimoséptima vez a una final de Champions, y qué decir de la manera con la que lo han logrado. Incluso definirla de “épica” se queda corto.
Mientras que poco a poco se está pasando página, toda la atención del madridismo se está enfocando en este próximo sábado, 28 de mayo, día en el que el conjunto blanco buscará volver a escribir un nuevo párrafo en la historia del fútbol con la posible consecución de una nueva Orejona —ojo, diecisiete finales, trece ganadas hasta ahora—, hechos que por sí mismos dicen mucho de lo que este club es capaz de lograr con los fichajes adecuados, dando la espalda a estrellas precoces y sí minutos a quienes lo merecen de verdad al mismo tiempo que se crea una estrategia de juego demoledora que, desde la marcha de Cristiano Ronaldo, ha encontrado en Benzema a su punta de lanza, lo cual le ha valido no solo para ser el pichichi de La Liga Santander, sino también en el de la misma Champions —con sendos hat tricks a PSG y Chelsea—, lo que le ha valido para ganarse la ovación generalizada por parte de otras leyendas del fútbol, jugadores y entrenadores rivales, la prensa, etc.

A él se le unen como escuderos, un Vinicius Jr. que este año ha sido capaz de afinar su mirilla para convertirse en el segundo máximo goleador del Madrid con más de una veintena de chicharros, y un Rodrygo Goes primordial para haber llegado a esta tan deseada final, con tantos que le han valido al Real no perder partidos que parecían estar destinados a ser el punto y final en su andadura por la Champions de esta temporada. Y no nos olvidemos de la llegada de un Camavinga que a principios de curso no pasaba de ser un desconocido para el gran público pero que ha sabido ganarse a todos con actuaciones dignas de lo que significa ser jugador del Madrid, muchas veces sin que el peso del escudo empañase su visión de juego como en esa espectacular cucharita a Benzema en el primer gol que sirvió de base para remontar frente al City de Guardiola.
Con ellos y el resto de la plantilla, destacando las espectaculares paradas de un Courtois en estado de gracia, poco se debe llorar la vuelta de tuerca que tomó el caso Mbappé hace unos días, porque a lo largo de los 55 partidos disputados esta temporada, ha quedado más que demostrado que estos jugadores están listos para seguir ganando juntos, porque al fin y al cabo, lo más importante en un equipo es jugar de manera colectiva, hacer a un lado las individualidades por el bien común y eso es lo que muy bien han aprendido los ahora pupilos de Ancelotti en estos últimos años post-Cristiano.

Si el campeón francés ha elegido hacer caso a los cantos de sirena provenientes de Qatar antes que cumplir con un supuesto sueño que tenía desde niño como lo era vestirse de blanco, entonces que no se dé más bombo a quien no va a estar en esa final que tendrá lugar en París, porque los que sí se han ganado el derecho a jugarla son los que merecen de verdad recibir al atención de todos los focos —incluyendo aquí al Liverpool que por algo será el equipo rival del Real Madrid—. Por lo tanto, que el pasado quede en el pasado y que el futuro, que no pinta nada mal, sea lo único que protagonice las próximas tertulias o discusiones de bar.
¿Qué opináis de la renovación de Mbappé?, ¿echará de menos el Real Madrid a la perla francesa estos próximos años? Hacédnoslo saber en los comentarios ;)


No creo que le haga falta al Madrid y a su afición este jugador. Ganarán la Champions este finde y sin necesidad alguna de tenerle en su plantilla. Punto final.