
Mucho ha llovido en estos últimos meses en torno a Zidane desde que el Real Madrid cayera eliminado en la Copa del Rey a manos del Alcoyano.Muchos teorizaban acerca de una salida inminente a causa de aquella dramática derrota que dejaba al conjunto blanco sin opciones en el a priori, título más sencillo de conseguir. Aún tras la multitud de críticas con las que se azotó al técnico francés, éste se plantó en el banquillo del Madrid y prometió que al final de temporada las cosas serían diferentes…, y vaya si lo fueron.
Con una remontada espectacular a lo largo de la segunda vuelta de La Liga y un desempeño correcto en la Champions League que llevó al equipo a la semifinal contra el Chelsea de Tuchel, Zidane parecía cumplir aquella promesa que meses atrás había hecho, solo quedaba rematar la faena con la consecución de al menos de uno de esos dos títulos, cosa que finalmente no pudo lograr por unas razones u otras —árbitros, jugadores, tácticas…— y que ha llevado a Zizou a dimitir y dar por cerrada esta segunda etapa que empezó en marzo de 2019, sustituyendo a Santiago Solari como entrenador después de haber sido él sustituto de Julen Lopetegui, y de la que destaca alzarse con el trofeo de Liga 2020, la más extraña que se recuerde en plena pandemia del Covid-19.
Pero, después de lo mucho que ha defendido su figura como estratega del equipo merengue y de sentirse indignado ante preguntas en las ruedas de prensa y publicaciones en los medios que parecían ponerle una diana tanto en la frente como en la espalda, ¿por qué ha decidido Zidane poner punto y final a su rol como entrenador en el Real Madrid en lugar de buscar redimirse de esta temporada en blanco en la que hubiera sido la tercera temporada de su vuelta en 2019?
Las razones son varias, o al menos así lo pensamos desde Free Topic Society. Ante todo, Zidane ha demostrado que las críticas a su estrategia de juego no le hacen cambiar de parecer, siempre se ha mantenido fiel a sus onces diferentes para cada jornada, dando minutos por aquí y por allá a toda la plantilla. Seguramente unos los merecieran más que otros, pero si por algo brilla el marsellés, es por esas múltiples oportunidades que ha dado a sus pupilos de demostrar su valía en el terreno de campo. Otra cosa es que ellos tradujeran esa confianza en goles, asistencias o “jogo bonito”, que sí en algunas ocasiones, pero rotundamente no si hacemos un balance de toda la temporada.
Ésta podría ser la primera causa de su adiós, la certeza de que la plantilla necesita una importante remodelación que él no es capaz de llevar a cabo por la cercanía que hay entre él y los jugadores. ¿A quién le gustaría despedir a sus compañeros reconociendo que ya no están a la altura de lo que un día fueron?

En segundo lugar, la presión de ser el técnico de un equipo tan grande como lo es el presidido por Florentino Pérez, puede suponer un handicap al que pocas personas podrían hacer frente, y más si s es un entrenador que ha ganado tres Champions seguidas y que ha regresado con la labor de volver a llevar a lo más alto al club de su vida. Puede parecer una tontería pero ello, sumado a las exigencias del aficionado, para quien lo más importante son los festejos tras la jornada 38, se convierten en un peso que cuesta soportar sobre los hombros. Zidane sabe que no siempre se puede ganar, pero el estatus del equipo lo pide, por lo tanto es mejor hacerse a un lado y dejar que un nuevo entrenador proponga cosas diferentes, y ese es el último punto.
Zinedine le ha provisto al Madrid de logros sin igual como lo es ganar dos Champions consecutivas (y para más inri, una tercera) u obtener Liga y Champions en la misma temporada, hito que no ocurría desde hacía años. Él reconoce que si no fuera el entrenador, el equipo podría llegar a jugar mejor, y no se equivoca. Al igual que Guardiola cuando dejó el Barça en 2012, Zidane le pasa el testigo a un nuevo técnico para que revolucione el proyecto deportivo: nuevos fichajes, nuevas estrategias… Un cambio así siempre es necesario para mantener fresca esa ambición de ganar y de querer jugar, adaptarse a una nueva visión que si ale bien, podría significar otra nueva época de éxitos colectivos para el club.
A nuestro parecer, todos estos son los motivos principales por los que Zizou ha decidido hacerse a un lado y permitir que una nueva persona se haga cargo de esta plantilla que lo ha ganado todo, pero que no debe estancarse en el pasado. Cristiano se marchó y ello significó que las cosas debían cambiar, aunque en realidad no o hicieron tanto. Ahora que Zidane también dice adiós, es el momento de meter una marcha más en el acelerador y prepararse para un nuevo Real Madrid, uno de sangre joven y hasta arriba de ambición para comerse a toda Europa de nuevo…, o al menos intentarlo.

