
Antes de que mi aventura por el desierto de Algeria diera comienzo, era inevitable pensar en todos los horrores que aguardaban en las sombras con la única intención de torturar la ya maltrecha cordura de Tasi Triannon, la protagonista de esta historia y avatar nuestro, puesto que después de jugar Amnesia: The Dark Descent (2010) o de haber superado el desafío porcino del segundo capítulo de la franquicia (A Machine for Pigs; 2013), la gran mayoría de nosotros ya le hemos dado un valor concreto a lo que esta saga es capaz y debe ofrecer, engendros que esperan su oportunidad para darnos caza, melodías inquietantes que nada más sonar ya nos ponen los pelos de punta o incluso puzzles de lo más entretenidos y variados, por poner unos pocos ejemplos. Eso es lo que me esperaba y la razón por la que con ansias deseaba hacerme con este título, pero lo cierto es que tras unas siete u ocho horas siendo testigo y partícipe de todo por lo que la pobre Tasi ha de pasar, puedo confirmar con rotundidad que Frictional Games ya no es aquella desarrolladora famosa por los sustos que generaban los adentros del castillo Brennenburg, sino que ha pasado a ser una de las que mejor sabe desarrollar una narrativa a través de un muy cuidado a la par que efectivo guión, cuyo hostil entorno sirve a la trama y le viene como anillo al dedo.
No es exagerado decir que The Dark Descent es uno de los mejores exponentes del género del terror dentro de los videojuegos, por lo que no le iba a pedir a Amnesia: Rebirth igualar la experiencia que disfruté hace un par de años en PS4 porque es casi imposible volver a revivir ese mismo escalofrío ya que en ésta ocasión uno se adelanta por su cuenta a las tétricas sorpresas que puedan tener lugar en la pantalla, pero sí quería volver a sentirme indefenso, en esta ocasión, frente a esas monstruosidades esqueléticas, de miembros alargados y chillidos desgarradores que habitan en cada una de las ubicaciones que visitamos a lo largo de esta odisea, volver a convertirme en un mero superviviente cuyo objetivo se va revelando con cada paso que da hacia delante, tal y como hacía Daniel hacen diez años. En este aspecto, la compañía sueca vuelve a dar en el clavo aunque con un matiz importante, lo que nosotros consideraríamos aquí “Game Over” no significa necesariamente perder, sino todo lo contrario, forma parte de la historia y afecta directamente al devenir de los acontecimientos de la misma, una novedad importante con respecto a la primera entrega porque ahora nuestro abanico de opciones inconscientemente se amplia. Sin entrar en spoilers, es posible que en ocasiones dejarse capturar nos ayude a progresar. Una grata sorpresa en mi opinión, pero que a algunos les podrá llevar a pensar en que ahora la tensión ya no causará el mismo efecto que antaño.

Aunque la mecánica jugable de este título se soporta sobre cimientos ya conocidos, debo confesar que en esta ocasión me he sentido más atraído por la trama en sí que por la gracia de llevarme un espanto o huir de alguna criatura. Saber qué demonios estaba ocurriendo a mi alrededor además de qué le ocurría a Tasi se convirtieron en la máxima para mí. El guión no solo gira en torno a escapar del infierno fantasmal en el que acabamos atrapados, sino que también le dedica tiempo a las razones que llevaron a nuestra protagonista a Algeria, a los secundarios que hacen acto de presencia a través de nuestros recuerdos o los documentos esparcidos por el escenario, y por último y más importante, al móvil que hace que Tasi no caiga presa de la oscuridad durante nuestra partida. Si con The Dark Descent nos presentaban una historia cruda y cuyo leitmotiv era la venganza, aquí las capas de las que nos vamos deshaciendo revelan mucho más de lo que en un principio creíamos, presentándonos un sombrío universo cuyas respuestas sacian muchas de nuestras preguntas (¡OJO, no solo las de este juego!) a pesar de no hacerlo como me hubiera gustado, y que deja espacio a ser explorado con mucho más ahínco en el futuro.
Si bien nos encontramos con una narrativa genial, es cierto que virando la vista hacia el apartado técnico, Amnesia: Rebirth no es precisamente la obra más puntera del año, lo que no es un grave problema puesto que a nivel artístico Frictional Games ha sabido sacarle todo el jugo posible a la ambientación por la que han apostado la cual resulta una delicia para los ojos, pero si tomamos como ejemplo otros títulos de carácter independiente como Visage (SadSquare Studio; 2020), las costuras del motor gráfico HPL Engine se notan a una milla de distancia. En relación a la faceta sonora, puedo decir que el juego está a la altura de las expectativas. Una gran banda sonora compuesta de nuevo por Mikko Tarmia que llegados al final de la aventura emociona, una selección de sonidos ambiente exquisita para mantenernos con los nervios a flor de piel durante toda la partida, y una interpretación por parte de Alix Wilton Regan como Tasi que roza la perfección.

Puede ser que los niveles de pavor que nos causó en su momento las andanzas de Daniel en Prusia no lleguen a igualarse con esta secuela directa ambientada noventa y ocho años después, pero si hay una cosa que este renacimiento mejora de lo anteriormente visto, es la capacidad de Frictional de sumergirnos en esta nueva hazaña desde los primeros hasta los minutos finales con una historia que nos hará plantearnos a cada rato interrogantes a las que buscaremos dar respuesta, lo que hará que sigamos jugando y no queramos parar, como si de un buen libro de Lovecraft se tratara, aunque esta vez nos toque estar en la piel de una mujer inerme, que lo ha perdido todo y que está a un paso de ser consumida por sí misma. Por suerte, no se encuentra sola.
Puntuación: 8,5/10

