
Todavía recuerdo el boom mediático que causó Minecraft allá por 2012. Justo antes de que el nombre de dicho juego estuviera en boca de todos, un amigo me lo recomendó, pero una vez me habló de lo que para él eran las bondades jugables del título, a mí realmente no me hacía especial ilusión probarlo. Es por ello que cuando de un día para otro Minecraft se convirtió en la comidilla de todo canal de Youtube, me quedé sorprendido. ¿Cómo podía tal obra generar tanta diversión? Como no podía ser de otra forma, me decidí a darle una oportunidad cuando la versión para consolas llegó a las tiendas, únicamente para darme cuenta de que desde el principio yo tuve razón, Minecraft no era la clase de juego para mí.
Con el paso del tiempo y viendo cómo Minecraft se ha establecido ya no como un simple juego más sino como padrino del género de los juegos de construcción, es inevitable darse de bruces con otras tantas propuestas similares que, al igual que ocurre con los Souls-like, toman las bases del trabajo de Notch (Markus Persson, creador de Minecraft) para hacerse un hueco entre la comunidad de jugadores que desde el 2012 no han parado de jugar al título que ahora pertenece a Microsoft —la compañía desembolsó la mareante cifra de 2.500 millones de dólares para hacerse con los derechos de la marca—. Y dentro de ese grupo de títulos que han sabido aprovechar el éxito de Minecraft encontramos al que hoy nos reúne aquí, llamado Rust.
Después de unos años como acceso anticipado y tras ganarse a pulso una fiel base de jugadores en su plataforma original (PC), Rust finalmente ha dado el salto a las consolas de sobremesa a través de una versión desarrollada por el estudio Double Eleven y supervisada por los creadores de la obra, Facepunch Studios, que ha sabido trasladar a la perfección la experiencia de supervivencia y creación de asentamientos que tanto ha triunfado en compatibles.
Pero antes de seguir, también debemos hacer mención a la mala optimización con la que esta Rust: Console Edition salió a la venta. Basta con decir que durante un mes, nuestra versión del juego fue directamente injugable puesto que cada vez que intentábamos entrar a un servidor, éramos expulsados al menú principal de nuestra PS5 —y lo mismo ocurría con Xbox—. A pesar de ello, desde Double Eleven han trabajado duro en actualizar el título hasta el punto óptimo en el que nos encontramos ahora, en el que destacan la fluidez del movimiento y la casi testimonial presencia del lag, más notoria cuando nos encontramos con otros jugadores que, en ocasiones, corren a tirones, lo que dificulta un poco la interacción con ellos.
Dicho ello, ¿por qué Rust ha conseguido conquistarnos con una propuesta parecida a la que hace años nos generó cero interés? Sencillo, esta propuesta no anda en busca de un público tan generalizado como la de Mojang Studios, sino que se toma muy en serio el tratarse de un mundo hostil en el que a lo que se viene es a sobrevivir a base de farmear materiales, craftear objetos incluyendo armas cuerpo a cuerpo y de fuego, comer, beber líquidos, explorar, construir una casa —mecánica primordial y que nos da la posibilidad de crear incluso fortines de una manera muy intuitiva— y, por último, enfrentarse a otras personas que se hallan en el mismo servidor que tú para saquear sus cuerpos y construcciones —lo que comúnmente, para esto último, se conoce como raid o incursión—. Ese es el objetivo de Rust, el de mantenerse con vida haciendo frente a todos los peligros de un escenario que no pone las cosas fáciles muchas veces pero del que con dedicación, puedes sacar provecho, a lo que ayuda un muy buen traslado de los controles de PC a los mandos de Playstation y Xbox, bastante ágil y sencillo de aprender.

Es en estos momentos, cuando has sido capaz de crear dos casas y mejorarlas lo suficiente para que sean impenetrables, cuando has logrado recolectar una cantidad de materiales suficiente como para dedicar tu tiempo a otras actividades, cuando el título ofrece su mejor cara. La exploración es muy entretenida debido a que el mapa se halla plagado de lugares de interés que visitar —algunos de ellos incluso con puzzles que resolver para dar con una valiosa recompensa—, y que se pueden vislumbrar en el horizonte. ¿Quieres llegar a esa cúpula que se ve a lo lejos? Adelante. ¿Quieres saber qué se esconde en aquellas antenas oxidadas detrás de esas colinas? Puedes ir, no hay nada que te lo impida…, a no ser que te encuentres con otros jugadores que decidan hacerte la vida imposible y que, en caso de no escapar, te matarán, perdiendo en el proceso todo tu botín, pero con la posibilidad de regresar a esa misma zona desde la ubicación de tu asentamiento para vengar a tu yo muerto.

Aunque a través de este texto escrito no se puede reflejar la tensión de jugar a Rust, podemos decir que por cada paso que damos en el juego, siempre estaremos echando una ojeada a los cuatro costados puesto que nunca podemos estar seguro de qué es lo nos espera tanto por el norte, sur, este u oeste. Y esa es la tónica de la experiencia, cuando menos lo esperemos, estaremos no huyendo de un rival de carne y hueso tras un mando, sino de un oso que nos ha olisqueado y que ahora quiere zamparnos o de alguno de los científicos controlados por la IA que deambulan casi siempre al lado de las desamparadas torres eléctricas que se dan en la zona. Por suerte, el mundo del juego se encuentra lleno de “comodidades” que nos facilitarán el sobrevivir. Nos referimos a calabazas o champiñones, con las que paliar el hambre, o ríos en los que podremos saciar nuestra sed. Sabiendo gestionar estos parámetros —además de otros relacionados directamente con el entorno como el frío, calor o radiación, nuestra existencia dentro de este lar virtual logrará extenderse en el tiempo.
Y hablando a nivel puramente técnico, como viene siendo costumbre en esta clase de obras, y más si se tratan de estudios independientes, el apartado visual no es nada del otro mundo, y a pesar de las múltiples mejoras que ha ido recibiendo desde que se estrenó, muchos fallos visuales siguen estando presentes en la actualidad, siendo el más molesto el que tiene que ver con las texturas de los árboles. Cuando decidimos talarlos, siempre aparece una X en color rojo que nos indica la zona que debemos golpear con nuestra piedra o hacha para que el proceso de recolección de madera sea más sencillo, pero el problema está en que la textura de estos muchas veces ocultan esa X. No sabemos por qué todavía no se ha tratado este problema teniendo en cuenta que sí se ha hecho con las piedras que podemos picar — les pasaba lo mismo pero ya ha sido solucionado—. No es algo demasiado molesto, pero sí que resulta un pequeño incordio el gastar más tiempo del necesario para obtener nuestra madera.
Eso aparte, el acabado final del título corre a 60 FPS y mantiene el tipo en cuanto a distancia de dibujo se refiere. Antes hemos puesto el ejemplo de ubicaciones que podemos admirar a lo lejos y a los que podemos decidir llegar sin problemas y relativamente rápido, puesto que no hay tiempos de carga entre los distintos biomas que conforman el mapeado a pesar de su extensión, entre los que podemos encontrar zonas boscosas (la mayoría), otras nevadas (cuidado con el frío) y por último, un desierto abrasador al que es mejor adentrarse con recursos de antemano. Todos ellos embellecidos por un sistema de iluminación que brilla al atardecer.

A esto le sumamos un diseño de sonido que nos ayuda a sentirnos inmersos en este mundo con disparos realizados en la lejanía pero que podemos escuchar e identificar la dirección para así evitar el conflicto —o unirnos a ello—, pasos que nos facilitan ubicar a jugadores rivales, efectos para la tala de árboles y para picar piedras bastante resultones y una banda sonora que sin buscar ser lo más, destaca por darse lugar en esos pequeños hiatos en los que nos encontramos vagando en paz un escenario desolado pero que al mismo tiempo, ofrece tantas posibilidades que solo depende de nosotros saber sacarle el máximo provecho posible.
Rust: Console Edition es un título que llegó en condiciones para nada halagüeñas, pero que se ha ido actualizando hasta finalmente saber proporcionarnos muchas horas de diversión debido a la simpleza de sus mecánicas jugables a la vez que riqueza táctica, puesto que en nuestras manos está decidir qué hacer a cada momento y cómo hacerlo, ya sea a la hora de farmear materiales, visitar localizaciones o a la de enfrentarse a esos otros jugadores que suspiran por saquear nuestro loot y que no dudarían ni un segundo en asaltar nuestro asentamiento si lo tenemos.
Nota: 7,5 / 10

