
Es increíble como algo tan pequeño, ha sido capaz de dejarme boquiabierto no una ni dos ni tres sino incontables veces desde el día en el que lo recibí hasta el momento en el que escribo estas líneas, y no dudo en que seguirá haciéndolo una vez termine estas mis impresiones y vuelva a ponerme a jugar con ello. Sí, me refiero a Steam Deck, la consola portátil de Valve que rivaliza de tú a tú —siendo generosos— con el monopolio nintendero instaurado en el mercado de las consolas portátiles gracias al tremendo y prolongado éxito que tiene la Switch en todas sus versiones, y admito a trámite dicho duelo debido a que las posibilidades que brinda consigo la flamante consola de la compañía de Gabe Newell son suficientemente convincentes como para que el día en el que se normalicen las carencias tecnológicas que en la actualidad mantienen el sector de la tecnología en vilo, estemos frente a un digno sucesor al trono del handheld gaming.
Antes que nada, no quiero desmerecer de ninguna manera las virtudes de la Nintendo Switch, más cuando una diminuta —en comparación— Lite de color azul semejante al de GameCube, fue mi introducción a las consolas portátiles hace poco más de un año. Aunque previamente siempre me había mantenido reticente a abandonar el confort de jugar conectado a una pantalla de 60”, más que nada porque es inevitable comparar la experiencia de jugar en modo portátil con la misma que se tiene a utilizar un smartphone, la compra de ese dispositivo me abrió los ojos, me hizo darme cuenta de que jugar a Doom (2016) de manera nativa tumbado en la cama era posible, o de que Ghostrunner (2020), a pesar de sus enormes sacrificios gráficos, es una joya que todo el mundo debe probar. Así empezó mi fascinación por todo lo que significa el poder llevarte contigo tus juegos a todas partes, disfrutar de esta pasión más allá del salón de casa.
Obviamente no me olvido de los exclusivos de la Gran N. Ahí tenemos Splatton 2 (2017)—mi primera interacción con un first party desarrollado por los nipones—, Leyendas Pokémon: Arceus (2022), el infravalorado Astral Chain (2019) o la merecidamente alabada secuela de Bayonetta (Wii U / 2014; Swicth / 2018). Como no, también he podido degustar a mi ritmo el asombroso mundo abierto de Hyrule en The Legend of Zelda: Breath of the Wild (2015), el cual a pesar de todas sus virtudes, se me queda un peldaño por debajo de Ghost of Tsushima (2020) en PS5.
Todas estas obras, unidas a proyectos third party que decidía jugar en Switch antes que en Playstation, hicieron no solo que la versatilidad de mi Nintendo Switch Lite quedara patente, sino también que se le vieran las costuras al catálogo de juegos en general. ¿Por qué puedo jugar a Dark Souls Remastered (2018), pero no a Dark Souls 2: Acholar of the First Sin (2015)?, ¿qué le impide a From Software preparar una versión del juego remasterizado para la Switch? Con esa incógnita, empecé a percatarme de que a pesar de lo genial que es jugar en esta consola, la “limitada” oferta de juegos se me hacía cada vez más pesada. Si puedo jugar Doom Eternal (2020) o la Bioshock Collection (2016), ¿por qué no la trilogía F.E.A.R de la que soy tan fan y juego una vez cada par de años, que es una perfecta candidata para un lavado de cara y que tengo disponible en mi PC? Aunque la culpa no es para nada de Nintendo, no he sido capaz de evitar pensar desde el día que me hice estas preguntas seguramente en que debería dar un paso adelante en mi afán por sacarle el máximo partido al juego portátil, lo que me ha llevado inevitablemente a cruzarme con Steam Deck.

Por poner un ejemplo fácil de entender y con el que poder poner de manifiesto mis impresiones acerca de lo que ha logrado Valve con su máquina, digamos que lo que me ofreció Nintendo Switch hasta el día en el que recibí mi Deck era solo la punta del iceberg de lo que estaba por venir para mí en cuanto a entretenimiento móvil. Dicho ello, trasladar toda mi librería de Steam del SSD externo que tengo conectado al PC al SSD interno y Micro SD que utiliza mi nueva consola fue tan sencillo como registrar mi usuario. En un instante tenía en mis manos “Dark Souls 2: Acholar of the First Sin (2015)”, “God of War (2018)”, "Dying Light 2 (2022)”, Deus Ex: Mankind Divided (2016)”, etc… En un abrir y cerrar de ojos me encontraba dejando de lado mi Playstation 5 para jugar en la habitación o incluso en la cocina, juegos que hasta ese instante creía que jamás dejaría de ver en la TV del salón, títulos AAA que desequilibran la balanza comparativa para que a partir de ahora todos mis halagos vayan dirigidos a Steam Deck.
La fluidez con la que se puede jugar a todos ellos es inaudita en un entorno tan minúsculo. A poco que configures los ajustes de estos juegos para adaptar la experiencia a lo que la Deck permite —solo si es necesario puesto que muchos ya detectan las características de la consola y se adaptan a ellas—, ya te encuentras con una media de 40-60 FPS estables y una fidelidad gráfica que gracias a su pantalla de 7” y 800p, está a la altura de las expectativas para jugar en perfectas condiciones; con unos joysticks maravillosos en comparación con los Joy-Con y dos trackpads que facilitan muchísimo ciertas funciones como moverse por menú o apuntar con mayor precisión.

Siendo el único lunar en toda esta historia la falta de una pantalla OLED equiparable a la del último modelo de Nintendo Switch —cuya calidad a nivel de contrastes y brillo está fuera de toda duda—, el maquinón ideado en las oficinas de Valve por parte de Newell y su equipo ha supuesto todo un golpe en la mesa que, aunque no capaz de hacer temblar los pilares sobre los que se sustenta la compañía nipona debido a la gran diferencia entre precios, sí debería provocar una respuesta en forma de una Switch PRO, como sugieren algunos rumores, o como mínimo, la llegada de más obras multiplataforma que le otorguen el status que se merece entre las consolas de sobremesa. Con Steam Deck y la versatilidad de su sistema operativo, me he dado cuenta de que todo por lo que una vez soñé, aunar en un singular dispositivo todos los juegos que deseaba jugar, es posible. Poder instalar la aplicación de Xbox GamePass y disfrutar de mi suscripción en el sofá y no en el ordenador, descargar la plataforma GOG y jugar a mi otra colección de videojuegos, añadir al pack Discord y crear un grupo con el que charlar con mis amigos mientras jugamos juntos en línea…
Steam Deck es la clase de objeto que todo amante de los videojuegos debería tener derecho a poseer, no hay mejor conclusión que esa, ya que la libertad de acción que se experimenta al utilizarla no tiene igual. Y si dije antes que la Nintendo Switch resulta ser la punta del iceberg del handheld gaming, creo que ahora puedo decir que estoy empezando a sumergirme y profundizar en todo lo que mi nueva portátil tiene para ofrecerme.

