
Apenas unos minutos después de que diera comienzo el metraje, de que el prólogo me situara en el contexto en el que se desarrollarían los hechos del filme, me di cuenta de una cosa, la áspera edición (que no animación) de Akira. Esa falta visible de lisura de una escena a otra, aunque en un primer momento irritante, debo reconocer que acaba jugando en favor de la cinta en el sentido de que permite tratar a la audiencia de manera que ésta supiera de antemano a lo que se enfrenta, una narrativa de la que ciertos datos parecen omitirse porque se confía en que ya se conocen cuando en realidad, no, provocando que el ritmo casi no decaiga en ningún momento, recordándome esto a cómo George Miller logró lo mismo con la última entrega en la franquicia de Mad Max.
Saltamos de un punto A a otro B continuamente para que se nos detalle qué viene a continuación, a qué obstáculos nuestros héroes deberán hacer frente o para profundizar en sus temores, como acaba ocurriendo con un indómito Tetsuo, segundo protagonista de la película solo por detrás de Kaneda, cuyo arco acaba por convertirse en el hilo conductor de toda la trama, tirando de ella a cada minuto con más y más fuerza, desembocando en un fascinante clímax que evoca inevitablemente al 2001 de Kubrick.

Cuando Akira por fin decide desvelar sus cartas, no me queda más que aplaudir la valentía de Katsuhiro Ôtomo al adaptar el manga homónimo al que él mismo dio vida, puesto que desde el punto de vista de un mero espectador, los desvíos que a nivel argumental se toman van adquiriendo a cada paso un grado mayor de complejidad que acaba por insuflarle el interés por descubrir esas piezas ocultas para dar forma al puzzle completo y poder aclarar las dudas que quedan (o puedan quedar) al finalizar la cinta, qué motivaciones llevan a unos a actuar de una u otra manera o la razón por la que las raíces que se sembraron antaño ahora germinan, resultando en la corrupción del bien a causa de un vertiginoso poder que te zarandea junto a estos personajes hasta que irremediablemente sientes cómo la noción del tiempo se pierde y solo se recupera una vez los créditos finales hacen acto de presencia, al igual que nuestro elenco parece sentirlo cuando se dan cuenta de que ya no hay marcha atrás.
Creo que impactante es el adjetivo idóneo para resumir la experiencia que ha sido ver de lo que ya en 1988 el género del anime era capaz, lo que en el fondo me ha llegado a inspirar. Todavía me resulta imposible no regresar a esos fotogramas que se podría decir ya han quedado grabados a fuego en mi cabeza debido a su espectacularidad y significado, uno que transciende los trazos del pincel que dio vida a esta obra legendaria para hacernos ver que aún con el mundo a nuestra merced, incluso cuando el juicio acabe viéndose nublado por nuestra propia culpa, solo aquellas personas las cuales siempre estuvieron a nuestro lado, serán quienes estarán ahí para acompañarnos en nuestro último suspiro. A pesar de todos los baches, ese apego siempre prevalecerá.
Puntuación: 8,5/10


