Pocas veces un director ha sido capaz de dividir tanto a su audiencia con sus dos primeros largometrajes de tal manera que salir del cine significase una defensa férrea de posturas. Mientras unos aprecian el tacto onírico y poético de las imágenes que acaban de vislumbrar, otros critican la falta de brío narrativo con el que explicar de qué demonios estamos siendo testigos, al igual que un ritmo a cocción lenta que lastra en general el disfrute de la cinta. Ocurrió con La Bruja (2016) y lo mismo se vio con El Faro (2019). Ahora, con el estreno de El Hombre del Norte, ya no podemos negar que Robert Eggers, director de fotografía reconvertido a cineasta, tiene un estilo marca de la casa, con mucha clase, que no para de deleitarnos con planos magistrales que se funden con la banda sonora para crear una potente sinergía audiovisual que nos deja boquiabiertos continuamente. Nosotros lo defendimos en su momento y, hasta el día de hoy, su primer largo nos sigue pareciendo un ejercicio de tal maestría dentro del género del terror que no lo dejaremos de recomendar nunca, pero dicho esto, algo ha pasado esta vez que nos ha dejado un tanto fríos, y no por estar la cinta ambientada en el norte de Europa.
¿A qué problema se enfrenta entonces El Hombre del Norte? Pues simple y llanamente a que no siempre la imaginería norteña de esta ocasión le funciona para dar con el equilibrio entre las bellas y sucias estampas a través de las cuales vislumbramos a un visceral Alexander Skarsgård, perfecto reflejo del espíritu vikingo tanto en su brutalidad como en su dogma, o una Anya Taylor Joy hipnotizante cada vez que la cámara se centra en ella, y una trama que evoluciona poco o nada a lo largo de las dos horas y veinte minutos que dura la película. Nos cuesta decirlo, pero Eggers no ha sabido sacarle brillo a una historia la cual con un poco más de ingenio, nos hubiera engatusado mejor a nosotros y al resto de espectadores. Ojo, no estamos diciendo que la película esté condenada al ostracismo, de eso nada. La cinta desde el punto de vista técnico es una delicia, y si eres la clase de persona que aprecia con ansia lo que entra por los ojos —además de fuertes dosis de gore estilizado—, ésta te hará pasar un buen rato..., si al mismo tiempo le permites tomarse su tiempo para desarrollarse.
El Hombre del Norte peca de apostar casi todo su impacto narrativo en unos hechos que se van sucediendo de manera orgánica y sin rodeos, lo que no sería un problema si no se debiera a que ya en los primeros veinte minutos se nos deja bien claro cuales van a ser los puntos clave del viaje de Skarsgård salvo un par de sorpresas que son bastante previsibles o al menos eso nos ha parecido. De todos modos, es una pena que esto sea así puesto que de la temática del film se podría haber sacado más jugo apostando (un poco) menos por el lirismo de sus de sus escenas y sí por alguna revelación que de verdad nos hubiera pillado desprevenidos para dar una mayor profundidad a la historia.
En fin, no podemos mas que considerar este largometraje como una oportunidad perdida por parte de Robert Eggers para lograr por una vez la unanimidad de posturas con respecto a su obra. Lo único que nos queda es esperar a ver si su próximo proyecto basado en el clásico del impresionismo alemán Nosfetaru, sale adelante y así descubrir cómo se las ingenia para que el famoso conde de Murnau, basado en la obra de Stoker, vuelva a aterrorizar al público.
Puntuación: 6,5 / 10

