Si ya nos sorprendió con sus dos primeros largos, Jordan Peele no iba a perder la oportunidad de volver a hacerlo con su tercera cinta que pasará a convertirse en un referente de aquí a un tiempo en cuanto al cine de terror y ciencia ficción, y no tanto por la calidad general de la película, que debemos decir que ha superado nuestras expectativas a nivel de actuaciones (con unos brillantes Daniel Kaluuya y Keke Palmer), ritmo narrativo, giros de guión y puesta en escena; sino por la originalidad con la que se tratan los temas que hilan la trama de la cinta, empezando por un chimpancé ensangrentado y terminando con una instantánea que, al igual que consiguen los últimos minutos de la película, quedará grabada para la posteridad.
Dicho ello, ¿qué podemos decir de Jordan Peele, cómico reconvertido en director de clásicos modernos de culto? Es sorprenderte lo que ha logrado el cineasta americano en tan poco tiempo gracias a una capacidad de sorprender al público que nos recuerda a las primeras obras de M. Night. Shyamalan, aunque Peele no lo apuesta todo a los compases finales para deleitarnos con ese detalle significativo que cambia nuestra percepción de lo que está ocurriendo, y quizás eso es lo que le permite triunfar a la hora de dirigir sus cintas, puesto que nos da tiempo a ver cómo evolucionan sus ideas hasta verlas estallar (literalmente).

Y como ya hemos mencionado, Peele no solo es capaz de dar forma a un cuento actual y tenebroso, sino que también tiene en sus manos una plantilla de actores que funcionan a la perfección, tanto en química cuando comparten tiempo en pantalla, como en la lógica elección de sus actos. Daniel Kaluuya como el hermano introvertido pero enfocado en mantener la obra de su familia en pie después de la pérdida de su padre, y Keke Palmer como la excéntrica pero avispada hermana pequeña que ve una oportunidad cuando nadie más es capaz de hacerlo. Todo fluye con tal delicadeza que no podemos más que aplaudir la perfecta sincronía que existe entre los mecanismos que permiten a la cinta lograr una armonía escenificada que no se limita a un solo género, sino que juega tanto con el terror, la comedia y la ciencia ficción, y sale ganadora en el intento.
¡Nop! es más que un metraje destinado a los amantes del terror. ¡Nop! debería ser tomada en cuenta, o al menos eso me gustaría, como un recordatorio de que ser original significa apostar a lo no seguro, apostar por a una estructura narrativa que obligue al espectador a rascarse la cabeza, sentirse impactado, unir las piezas del puzzle y finalmente, salir de la sala del cine con la sensación de que incluso nuestras ideas más descabelladas podrían convertirse en una película.
Nota final: 9 / 10

