
Muchas veces me pregunto qué me hizo realmente inclinarme hacia el mundillo de la crítica, puesto que para uno lograr convertirse en juez cinematográfico, es requerido que se cuente con ciertas cualidades como lo pueden ser una prosa atrayente o una capacidad de análisis objetivo superior a la del espectador medio, pero lo cierto es que existe una gran cantidad de películas que son capaces de rehuir un simple desglose crítico escrito sobre el papel, y la que hoy nos reúne aquí es una de ellas, pero no debido a que se esfuerce en ello, sino porque simple y llanamente, analizar un producto que plasma tan bien la idea del horror cósmico lovecraftiano, esa sensación de agobio y desesperación ante lo que no somos capaces de entender o incluso describir, resulta casi imposible.
Para disfrutar The Void (2016) como es debido, debemos dejar que Jeremy Gillespie y Steven Kostanski, sus guionistas y directores, jueguen con nosotros, porque aunque de primeras la cinta parece apostar por una linea argumental más o menos predecible con una secta de por medio, la locura poco a poco va subyugando a la cordura hasta límites insospechados que no seréis capaces de ver venir. Tanto Gillespie como Kostanski saben jugar bien sus cartas revelando cada poco rato —la duración no supera la hora y media—, un detalle extra que ayuda a que la trama gane en profundidad, pero con el tacto justo de que esa especie de entidad cósmica representada por la figura del triángulo permanezca en la sombra y que seamos nosotros a través de los hechos, los que imaginemos e intentemos darle un motivo para actuar, tal y como H. P. Lovecraft era capaz de lograr con sus textos.

Pero dejando a un lado la narrativa obtusa que define a este filme, el apartado que sí podemos alabar sin ningún tipo de restricción intelectual y que resulta toda una gozada ver en pantalla es el de los efectos especiales, que para la ocasión han sido realizados en su totalidad a mano —el DVD incluye un Making Of de los más entretenido—. Desde el monstruo más grotesco hasta el último tentáculo que sobresale de unos intestinos al descubierto, todo ello se aprecia con la más mínima pizca de detalle, y lo mejor de todo ello es que a la cámara no le tiemble el pulso a la hora de mostrarnos sin tapujos lo que demonios sea que está ocurriendo dentro del hospital donde transcurre la película. Si eres fan de La Cosa (1980) de John Carpenter o de Hellraiser (1987) de Clive Barker, , ya puedes hacerte una idea de por dónde irán los tiros.
En caso de que logres hacerte con una copia o encontrarla en algún servicio de streaming, os recomendamos que le deis una oportunidad a The Void, puesto que pocas obras audiovisuales en la actualidad son capaces de evocar tan fielmente aquello a lo que apuntaba el escritor de Provodence cuando de su pluma o máquina de escribir, nacían criaturas que escapaban a cualquier tipo de concepción humana, aunque también os avisamos de que no intentéis buscar de primeras una explicación a lo que vais a presenciar. Disfrutad del festín gore y una vez finalizado el metraje, dadle al coco.
Puntuación: 8 / 10

