Así es, el título lo deja muy claro, hoy es uno de esos días en los que ni más ni menos, uno parece darse cuenta de nuevo de cómo humanidad sigue empeñada en hacer de la Tierra el peor lugar posible donde vivir, y eso que ahora mismo es el único sitio donde podemos tranquilamente malgastar oxígeno a cada segundo que pasa (sin contar la Estación Espacial Internacional), sin temor a ser presas de la muerte por ahogamiento. No quiero sonar demasiado pesimista, aunque siempre lo diga, pero no me queda otra puesto que estoy enfadado, no solo por el valor anodino del prójimo por el cual no apostaría ni un duro (solo en el caso de aquellos por los que siento cierto afecto 😗), sino por seguir siendo testigo de cómo la sociedad, más por arriba que por abajo, sigue jugando con fuego convencida de que no pasará nada y no estar en mis manos el poder de actuar, ni siquiera dándole una colleja para que entre en razón y se de cuenta de una vez de que va encaminada a la boca del lobo.
En ocasiones nos da por ir a las redes sociales y desahogarnos en menos de 140 caracteres, pensando en que si logramos los retweets necesarios, es que estamos en lo cierto y hemos jugado un papel crucial al habernos convertido en la voz de unos cuentos usuarios, pero, ¿qué peso tiene esto en el desarrollo del mundo ? Creemos estar haciendo justicia al pedir unas cuantas firmas o al donar un cierto dinero o hasta reciclando, pero en el fondo nada cambiará, porque aunque viremos la vista hacia los lados, enfrente todo seguirá luciendo igual. ¿Quién puede garantizarme que el futuro que me depara es el ideal, que habrá un puesto de trabajo digno para mí, donde se me pague justamente, y que la oferta y demanda funcione en pos de satisfacernos a nosotros, quienes mantenemos en continuo movimiento los engranajes de la industria, en lugar de a las arcas de las empresas? Supongo que la respuesta es nadie.
La modernización del sector está excluyendo a los seres humanos, por raro que parezca, quienes somos el producto básico de la ecuación VIDA, literalmente. ¿Cómo el mercado laboral ha llegado ha encogerse de tal manera para que ahora, a día 15 de noviembre de 2020, no haya una simple vacante a la que optar con un 100% de fiabilidad de que se conseguirá ser empleado o se nos pida no estudiar ciertas carreras porque dentro de unos años estarán obsoletas? Es injusto, pero la respuesta oficial no sería otra que "así son las cosas", y no podemos más que acatar esa sentencia, porque aunque nos estemos preocupando por salvar el futuro medioambiental de nuestros vástagos (por poner un ejemplo), se nos está olvidando luchar por la faceta vital del mismo, el que engloba una vida mínimamente decente, a la altura del valor que le damos al hecho de estar vivos, por que si no, ¿merecerá la pena vivir en un mundo bello subyugados por la penuria? Lo dudo, y los oídos sordos no paran de sucederse unos detrás de otros.
En fin...


Planta un árbol