
Messi ya es historia, todos lo sabemos, pero cuando algunos pensábamos que la marcha del astro argentino permitiría a sus ahora ex-compañeros jugar con un brío diferente al de pasadas campañas, un juego más colectivo que para un único jugador, llega el Bayern de Múnich para recordarnos que el problema no era el tener y depender de una referencia en la delantera capaz de sacarse de la chistera 30 goles o más por campaña, sino la fatiga estratégica del ya obsoleto ADN Barça, y lo peor de todo es que dentro del propio club no se den cuenta, o si llegan a hacerlo, seguir apostando por ello cuando ha quedado claro que los equipos de envergadura europea ya saben cómo sacarle las cosquillas al equipo que ahora dirige Ronald Koeman, pero que empezó a denotar estos síntomas con Ernesto Valverde en su primer año como entrenador, y que llegó a su cenit con Quique Setién el año pasado, precisamente contra el mismo Bayern de Múnich en aquella fatídica noche del 13 de agosto.
En el día de hoy, aunque la sangría ha sido menor —cinco goles menos en contra exactamente—, no se puede negar que la plantilla blaugrana se ha quedado sin ideas, ya no sabe qué hacer para plantarle cara a otro conjunto de relumbrón, y a esto hay que sumarle que se hayan levantado todos con el pie izquierdo puesto que si no hubieran tenido lugar esos tétricos rebotes —en la espalda de Éric García y dos en el palo izquierdo de la portería de Ter Stegen—, el resultado hubiera sido menos trágico. Pero a lo que vamos, el Barça no sabe a qué esta jugando salvo cuando se enfrenta a un equipo menor de la Liga Santander, ahí tenemos el ejemplo de la primera jornada de esta temporada contra la Real Sociedad, en la que consiguieron ganar 4-2, no sin antes sufrir. Que quede claro, el problema no era Messi como algunos pensábamos, sino la estructura de juego de toque al que parece estar suscrito de por vida el conjunto catalán, que en la actualidad no hace más que provocar pérdidas tontas que resultan en gol del rival, mientras pasan los minutos.

A pesar de todo lo dicho, uno puede intentar consolarse pensando en que debido a la inesperada pero esperpéntica salida de Messi, ahora el F.C. Barcelona necesitará un tiempo de adaptación a esta nueva realidad, una que primero pasará por sanear las arcas del club antes que pensar en lo puramente deportivo —solo así se puede entender la cesión con opción de compra obligatoria de Griezmann al Atlético de Madrid—, pero también es cierto que no se puede fichar a un Memphis Depay, que juega muy bien, para ponerle a correr de arriba a abajo en partidos de esta envergadura si no hay quien le acompañe, ya sea para asistir o del que recibir un balón que pueda acabar en gol. Se le podría describir como un fichaje con trampa, puesto que no se le puede traer para hacer todo el trabajo de arriba si primero no consigue hacerse con un balón en condiciones y es acompañado por sus secuaces, como sí se hacía con el 10 del Barça, ¿o es que por no ser el ex-capitán blaugrana, ya no merece la pena el esfuerzo?
En fin, todavía es muy pronto para sacar conclusiones puesto que solo llevamos cuatro partidos oficiales viendo al club catalán jugar después de un mercado de verano extraño en cuanto a salidas y llegadas —estas últimas, todas gratis—, pero sí es verdad que las primeras sensaciones no son nada halagüeñas. Esperemos estar equivocados y que más pronto que tarde, esta plantilla vuelva a erguirse no solo en Europa sino también frente a los equipos de primer nivel de la competición nacional, antes que achicarse y acabar incluso sin clasificarse para los octavos de esta Champions, lo que sería sin duda un fracaso colosal.
¿Pensáis lo mismo que nosotros?, ¿qué esperáis de este Barça 2021/22? Hacédnoslo saber en los comentarios ;)


Por eso soy forofo del Real Club de Fútbol de Potentes en Paraguay. Nada de estrellas, sólo personas comprometidas y muy normales.