
Hace un año, el Real Madrid veía con estupefacción cómo el PSG, club perteneciente en su totalidad al estado de Qatar desde el año 2011, hacía oídos sordos a una oferta que ascendía a nada menos que a 200 millones de euros para hacerse con los servicios de Kilian Mbappé, la estrella del conjunto parisino que quedaría libre al término de la temporada pero a la que desde Doha no se quería dejar escapar de ninguna manera debido a que la apuesta de futuro del equipo pasaba por darle a él las riendas de una plantilla plagada de estrellas a la que se le acababa de sumar un Leo Messi defenestrado de su trono en el F.C. Barcelona.
Presuntamente no se quería dar la imagen equivocada de que si uno de los jugadores más grandes del panorama futbolístico actual se decidía a marcharse, ello podría significar que todo aquello que puede ofrecer París no está a la altura para obtener ilustres resultados tanto colectivos como individuales, lo que podría provocar un efecto domino que hiciera que otras grandes promesas o jugadores ya consagrados no quisieran vestir la camiseta del PSG en detrimento de otro proyecto más interesante. Con esa mentalidad, a lo largo de la temporada se comenzó una campaña de presión sin precedentes en la que incluso personalidades políticas como el presidente Macron o la alcaldesa de París, Anne Hidalgo, aprovechaban cualquier oportunidad para dirigirse a Mbappé e intentar convencerle para renovar con el equipo cuyos colores ha estado defendiendo las últimas cinco temporadas.
Para sorpresa de la mayoría de aficionados al fútbol, dichas medidas surtieron efecto y el joven jugador ha terminado aceptando renovar por tres campañas más. A expensas de motivos puramente emocionales como lo son seguir jugando en su país de origen o ser la cara visible de toda una nación en el próximo mundial de Qatar (ejem, ejem…), Kilian ha sido una nueva víctima del poder del cheque en blanco, porque eso es básicamente lo que Al Khelaifi, presidente de la entidad, le ha ofrecido con el fin de lograr su permanencia e la capital francesa. Claro está que cada equipo puede hacer uso de las estrategias que les vega en gana —aunque siguiendo la normativa de la UEFA y el Fair Play—, para lograr fichar a un jugador o hacer renovar a otro, faltaba más, pero el problema viene cuando para lograr tales fines, dispones sobre la mesa una montaña de fajos de billetes que supera los 300 millones de euros. Eso ya merece un párrafo aparte.

El PSG no es un extraño a la hora de apostar cantidades astronómicas para conseguir lo que quiere. Ya lo hicieron en su día con Neymar cuando pagaron su cláusula de 222 millones en la sede de LaLiga en 2017 y en esa misma temporada de nuevo con Mbappé, cuando lo ficharon del Mónaco por la friolera de 180 millones a pagar en la siguiente. Sí, estos datos son alucinantes y dejan boquiabiertos a todos los lectores de los diferentes medios deportivos cuando leen que un club gasta tal “salvajada” para engordar su plantilla, pero una cosa es que algo así ocurra un par de veces y otra que a causa de esto mismo, el mercado infle el valor de cualquier jugador únicamente porque ciertos clubes saben que otros se lo pueden permitir.
Si hasta ahora el caso más destacado y en boca de todos es el del astro francés, en estos últimos días ha sido otro compatriota suyo quien ha estado copando las portadas de los diarios. Nos referimos a Aurélien Tchouameni, otra perla más perteneciente a la plantilla del Mónaco que ahora se ha convertido en el objeto de deseo de los grandes de Europa. Entre ellos se encuentra el Real Madrid, que después de presenciar cómo fracasaba el fichaje del de Bondy, ahora ha entrado sus esfuerzos en conseguir vestir del blanco a este nuevo jugador al que ya se compara con Casemiro, o lo que es lo mismo, un refuerzo de lujo para la medular del Madrid.

¿Cuál es el problema? Que el PSG también ha puesto sus ojos sobre este jugador lo que ha desencadenado una subasta que de para nada agrada a la directiva madrileña, puesto que si en un principio se buscaba pagar una Kira más cercana a los 60 millones que a los 80 que se piden desde el Principado, con la irrupción del club francés, que ya ha dicho que puede pagar 100 o más aparte de su salario portentoso, el precio se ha disparado.
Aquí no estoy para defender a uno u otro equipo, pero sí quiero dejar claro con este artículo que desde Qatar se está consiguiendo destruir las raíces del fútbol tal y como lo conocemos, puesto que todos estos casos lo que van a provocar es que, si no se pone un freno a ello, en los futuros mercados de verano o de invierno, fichar a un jugador resulte tan complicado como ver a un cerdo volar, porque primero habrá que llegar a un acuerdo con el club de procedencia que no lo pondrá nada fácil si el contrato sigue en vigor, y después con el propio futbolista, al que posiblemente habrá que seducir con un sueldo de estrella sin serlo, y ya no hablemos de agentes que hasta ahora han sido otro de los pilares de esta involución mercantil, fijémonos en el caso de Erling Haaland y los 40 o 50 millones que había que pagar a su agencia de representación.
En fin, ¿qué opináis al respecto?, ¿os parece bien que se le de carta blanca a equipos como el PSG para gastar sin pensar? Hacédnoslo saber en los comentarios ;)


Millones por bufones que solo se ríen del trabajador medio, todo promovido por la falsa idea de que venden muchas camisetas y bla bla bla 👌