
Dios te libre de tener en tu club de fútbol a unos cuantos jugadores de chiste, principalmente si son unos millonarios precoces como decía nuestro querido Marcelo Bielsa tras sufrir una decepción similar.
Hoy hemos asistido a un Paris St. Germain de lo más apático y raro posible. Seguramente les da igual a los jugadores porque su sueldo no se toca.
Ya hace tiempo que digo que no merecen lo que cobran porque reflejan una sorprendente falta de espíritu de lucha además de poco compromiso con los objetivos del club, un desacertado ejemplo de lo que significa ser un buen deportista, y por otro lado mucha fiesta regada de champán por valor de 6000 euros la botella, modelos fantásticas, coches de cientos de miles de euros y otros placeres que los pobres mortales ni sueñan que puedan existir.
Bueno, no me da la mas mínima pena. Al final más de uno representa en toda regla el coma del verdadero deporte, pintes como lo pintes.
Hay que replantear todas estas "inversiones" multimillonarias que no representan para nada el amor al fútbol, sino más bien un sistema de apuestas entre clubes muy poderosos que buena parte de las veces llevan a la más amarga decepción del aficionado.

