
Antes que nada, Ghostrunner no inventa la rueda en cuanto a mecánicas jugables, para qué engañarnos, pero ni falta que le hace puesto que aquello que nos propone este título desarrollado por el estudio polaco One More Level, es disfrutar de lo mejor de los géneros en los que se inspira la historia de Jack, el androide protagonista, los cuales varían desde la acción más salvaje a lo Ninja Gaiden gracias a la hoja de nuestra katana, hasta la exploración en busca de coleccionables —nuevos diseños para nuestro arma, audios, objetos…—, y pequeños toques RPG que podemos vislumbrar en un simple pero variado árbol de habilidades basado en el mítico “Tetris”, detalles que aquí son mezclados para crear un mix perfectamente equilibrado con el que nos será difícil despegarnos de la pantalla hasta habernos pasado las 6 o 7 horas que dura el juego, literalmente.
Cierto es que esta obra no es apta para todo el mundo, ya que lo primero que uno necesita entender antes de afrontar el desafío que supone Ghostrunner, es que la paciencia deberá imponerse al impulso de actuar. Me explico. Varias secciones de nuestra odisea a la cima de la Torre Dharma, valuarte post-apocalíptico de la humanidad y escenario principal y único donde transcurrirá la aventura, además de requerirnos matar a los secuaces —cada uno afincado en un punto estratégico del mapa— con los que nuestra némesis, Mara, obstaculizará nuestro camino, también se nos pondrá a prueba a través de unos escenarios que harán muchas veces de trampas mortales en el que el más mínimo error significará nuestra muerte —un impacto rival o un desliz al saltar de una pared a otra nos llevará de vuelta al último punto de guardado—, porque sí, el diseño de niveles en Ghostrunner es de los mejores que hemos experimentado en mucho tiempo, priorizando siempre que el plataformeo sea tan importante como la acción.

En Ghostrunner podemos encontrar paredes por las que correr, tirolinas con las que desplazarnos de un punto a otro del mapa o que usar como esquive, rampas por las que deslizarnos evitando a la vez morir… Todo ello, unido a un plantel de enemigos que se nos va revelando poco a poco —casi al mismo tiempo que desbloqueamos nuevas habilidades—, nos obliga a combinar con acierto las habilidades de Jack para poder salir airosos de situaciones cuya dificultad asciende de manera progresiva según profundizamos en la campaña, destacando a nivel puramente de reflejos, el último capítulo. Una cosa infernal que, al igual o incluso más notorio que en la saga Souls, una vez concluyes, te sientes el rey del mundo a pesar de que en muchas ocasiones a lo largo de nuetsro periplo, toque tirar del clásico ensayo y error para poder avanzar, de ahí que insistamos en que la paciencia es la mayor virtud para disfrutar como es debido de este juego puesto que a partir de morir una, dos, diez, veinte o cincuenta veces, se amplia el espectro de posibles vías por las cuales finiquitar una arena, hecho que te obliga a probar y probar, extendiéndose así la vida útil de la obra y poniendo a disposición del jugador la posibilidad de probar con todas y cada una de las habilidades hasta dar con aquella que mejor venga en mano.
Por último, si ya hemos mencionado que el diseño de niveles en este título es fantástico, la parcela artística no se queda atrás con unos “paisajes” que, aunque pueden pecar de repetitivos, reflejan a la perfección la distopía en la que viven los personajes de esta historia, bañada en tonos grises y oscuros salpicados por otros más chillones provenientes de las luces de neón que se extienden a lo largo y ancho de Dharma City, una que, por poner un ejemplo, se asemeja a Night City por el estilo cyberpunk que ambas representan, no solo visualmente sino también a nivel sonoro, con ritmos electrónicos y vibrantes, y que se las arregla para sumergirnos en su historia a través de objetos que podemos hallar en los escenarios —coleccionables que ya mencionamos antes—, y los diálogos con Zoe, la única aliada con vida que tendremos, y el Arquitecto, nuestro intangible guía y creador, ambos excelentemente doblados junto a nuestro Jack.
No tenemos más que decir de Ghostrunner. A poco que os gusten juegos como Ninja Gaiden o Shadow Warrior, este juego es para vosotros, y lo mismo va para aquellos que os gusten los retos como Dark Souls si nos referimos a dificultad. La obra de One More Level es de esas que hay que probar sí o sí al menos una vez, y de la que esperamos que llegue la secuela lo antes posible —ya se encuentra en desarrollo—, porque si hay una cosa de la que Ghostrunner nos ha dejado con ganas de más, esa es más Ghostrunner.
Nota: 9 / 10


