Buenas vespertinas lectores, hoy os abro un poco mi corazón comilón, de forma que sintáis con estas simples palabras lo mismo que yo al probar ese pequeño bocadito de la grandiosa tortilla que es la de Betanzos.

Os estaréis preguntando porque abro una sección para hablar de una elemental tortilla, ahora mismo os lo descubro.
Dicho esto, procedamos a comenzar con lo que nos atañe. Si alguna vez tuvisteis la sensación de haber probado una tortilla sin igual, no os dejéis llevar por las meras apariencias que se os presentan. Estaríais cometiendo un fallo catastrófico.
Lo que yo viví en la la tarde del lunes de la segunda semana de agosto del año en curso, no lo ha vivido nadie. Pobres ilusos que piensan que tienen la felicidad al alcance de la mano y todavía han de recorrer el brazo. Y yo con un simple bocado lo descubrí antes que muchos que alardeaban de haberlo conseguido.
Ese primer mordisco de aquella sabrosa textura mezclada con huevo y jamón me supo a gloria, fue como si todos los grandiosos recuerdos del pasado me evocaran un intenso placer al llevármelo a los labios.
¡Fue algo tan inesperado como indescriptible!
Primeramente comentar, que el aroma que desprendía dicho plato era un signo de lo que estaba por venir. Cuando fui engullendo cada bocado como si no hubiese un mañana, me di cuenta que solamente faltaba el plato por devorar.
Cabe resaltar que el precio,que no era barato, no fue ninguna oposición para pedir dicho manjar.
Ahora bien, igual la próxima vez me lo pienso mejor, más que nada para que a la hora de pagar no me duelan las costillas.
Sinceramente creo que ha sido la mejor tortilla que he tomado nunca, y probablemente tarde mucho tiempo en volver a probar algo semejante.


Pues me has dejado hambriento, ahora toca probar un buen bocado si nos dejas alguno la próxima ves.
Muy buena historia, ¿para cuando la película?