
¿De qué maneras podría llegar a reflejarse el pesar? Una vez nos planteamos esta cuestión y aunque intentemos abarcar todas las posibles y remotas respuestas que se le dieran a dicha pregunta, resulta imposible englobar en un solo dictamen el valor real de esa tormentosa sensación con la que, en diferentes ocasiones a lo largo de nuestras vidas, cargamos. Ya sea a causa del más nimio de los insultos dichos fuera de lugar o de un acto del que es irremediable que nos acabemos arrepintiendo, el pesar siempre tomará una forma diferente según cada uno, y eso es precisamente lo que la saga de juegos que hoy nos reúne ha sabido explotar a lo largo de su historia, las múltiples maneras con las que nuestros mayores rencores o temores pueden llegar a atacarnos, sin que sea una mera terapia la solución para hacerles frente y salir (algo) airosos.
El Sitio de los Espíritus Silenciosos

Todo comienza a orillas del Toluca. Las tierras adyacentes al gran lago y su espesa niebla, ya desde la época de los nativos americanos, eran acusadas de poseer una fuerte conexión con un plano astral diferente al nuestro, uno que exhalaba ecos que se creían eran espíritus. Refiriéndose al lugar por el nombre de “El Sitio de los Espíritus Silenciosos”, las tribus que lo habitaban creían en que esa energía se atribuía a la figura del Cuervo, ave que era considerada el patrono de la memoria, por ende, del recuerdo de esa quimera.
El paso de los siglos traería consigo la llegada de las primeras flotas colonizadoras desde Europa a las costas de América, siendo los británicos quienes se establecerían en Jamestown, la primera colonia permanente de naturaleza inglesa, los primeros en hacerse con el control de las hectáreas que rodeaban al susodicho lago cerca del final del siglo XVII, masacrando los asentamientos indígenas que por el camino se encontraron, para únicamente verse mermados años más tarde por una epidemia que se llevó por delante a gran parte de los nuevos inquilinos que a la fuerza ahora albergaba el antiguamente venerado lugar, asimilándose a una venganza causada a partir de la perversión del añejo suelo sagrado, siendo sus almas atrapadas en la bruma que ostigaba a esas tierras.
Se tardaría todo un siglo en volver a notarse movimiento cerca del Toluca, cuando un nuevo grupo de colonizadores decidiría convertir los restos del anterior poblado en una colonia penal, la cual constaría de una prisión y un hospital al que se le llamaría Brookhaven Hospital. Es en este momento en que por vez primera se registra el nombre Silent Hill, aunque se desconoce si dicha elección correspondía con lo que antaño creían los nativos americanos acerca de la zona. Lo que sí se sabe es que, a partir de entonces, lo que al principio no era más que un pequeño pueblo afincado frente a un gran lago, pasaría a convertirse en un punto de interés no solo residencial sino también a nivel económico gracias a los depósitos de carbón que yacía bajo tierra, provocando ello la apertura de dos minas, una de ellas en el 1816 (Devil’s Pit) y otra alrededor de los 1850s (Wiltse Coal Mine). Por fin los rayos de sol parecían abrirse paso entre la tupida atmósfera de la zona, aunque como ya se había dejado claro en el pasado, esos botes verdes no serían más que un espejismo de la cruda realidad que estaba por llegar.
Al término de la Guerra Civil (1861-1865), el flujo de nuevas familias que llegaban a la ahora ciudad se mantuvo, pero al mismo tiempo, las primeras tragedias tuvieron lugar siendo la primera la que involucró Jebediah Foster y su mujer Esther Munroe, cuyo vientre fue usado por una aborigen cherokee para traer de vuelta al mundo a su hija, fallecida a manos del propio Foster. Tras ello, numerosas desapariciones azotarían Silent Hill, muchas de ellas sin llegarse a esclarecer jamás, generándose un ambiente de incertidumbre palpable en el aire que se acrecentaría una vez la Orden, secta que basaba parte de sus creencias en aquellas de los nativos americanos, comenzara a actuar a partir de los 1900s aprovechándose de la mística corrupta que imbuía a la ciudad y sus alrededores que no serían capaces de dominar, trayendo consigo la caída en desgracia del, en otro tiempo, pueblo y de la mayoría de sus habitantes.
El poder de la niebla

Haciendo a un lado la narrativa de los títulos que conforman la columna vertebral de la antología y conjeturando acerca del lore, la niebla que sumerge a Silent Hill podría verse como un velo que esconde monstruosidades imposibles de imaginar y de las que es mejor escapar si no queremos morir, pero calificarla de esta manera no es más que estar rascando la superficie de lo que en verdad significa. Retomando lo dicho en el párrafo introductorio, la mayor facultad de esa energía impía que resuena a lo largo y ancho de la ciudad es la de jugar con nosotros haciendo uso al mismo tiempo de nuestras mayores pesadillas, secretos de los que preferimos callar, pasar página e intentar no volver a recordar, como del dolor de quien en el pasado ya se alimentó, para con cada bocado volverse más insidiosa.
Es justo en estas situaciones, al evitar a toda costa dar la razón a nuestro destino, cuando un pálpito nos sacude y de una u otra forma – accidente, carta o sueño mediante-- Silent Hill acaba logrando que nos plantemos en su fantasmagórico distrito nublado con la pretensión de hallar una respuesta que palíe nuestroa pena.
Si para nosotros representar el pesar es imposible, el mando intangible y corrupto que gobierna Silent Hill se toma la molestia de llevarnos la contraria dando lugar a criaturas cuya existencia está al servicio de una penitencia errante que no parará de acecharnos, buscando cobrarse nuestra vida como pago por los actos que hemos cometido. Esto queda bien ejemplificado en la figura de un icono de la franquicia, Pyramid Head, que aunque hoy en día se considera patrimonio del pueblo maldito, sus orígenes se remontan a la psique de James Sunderland, quien refleja toda su culpa y remordimientos, que lo corroen por dentro desde antes de llegar a la ciudad, en este monstruo de aspecto humanoide, espadón en mano, que esconde su cabeza bajo un casco metálico con forma de pirámide, lo que podemos entender como una manera de no querer reconocerse a sí mismo como el artífice de lo que hizo en el pasado y que a partir de entonces le persigue tomando aquí un aspecto material.
La incógnita que yace bajo el yugo de esa densa niebla, que cubre cada centímetro de la ciudad y nos impide ver más allá de un par de metros en adelante, se nos presenta como si esta última hubiera actuado como una llave que inconscientemente hemos permitido que desvele nuestro interior, sacando a la luz a lo que desearíamos ser ajenos, ecos personales que siguen retumbando adentro de los que ya se hablaba siglos atrás y que ahora se liberan de sus cadenas para obligarnos a plantarles cara. Una penuria que nos ha tocado experimentar y de la que no nos desprenderemos hasta que seamos lo suficientemente fuertes como para aceptar que es parte de nuestra realidad, una en la que nosotros somos los protagonistas muy a nuestro pesar.
Pequeña conclusión

Silent Hill es en el fondo un ejercicio de introspección llevado a unos límites insospechados, tratando de engendrar una vileza a partir de la ruina personal de sus víctimas, mentes frágiles que son castigadas con la única intención de alimentar la infame voracidad de esa perversa dimensión desconocida llamada “El Otro Mundo”, el cual espera impasible a que sus futuros mártires acudan a la llamada de ese pálpito basado en los recuerdos de un pasado lacerante, en busca de un falso consuelo para arrebatarles lo único que todavía los mantiene con vida, la esperanza de encontrar su redención..., si es que aún les es posible.

